La sed de los perros // Gustavo Estrada

Mi tío hablaba poco, pero casi siempre con razón. Si algo sobra por esos rumbos es la tierra, el calor y los nopales. Al dejar muy atrás la zona turística, hectáreas de nopaleras aparecen sobre la tierra, como si aquel territorio en realidad les perteneciera a esas manos verdes y espinosas, que bien saben aguantar los calores y las sequías mejor que cualquiera de nosotros. Continúa leyendo La sed de los perros // Gustavo Estrada

El departamento de al lado // Mariana Rosas Giacomán

Da igual. La cama se balancea de un lado a otro, lentamente, aún en el recuerdo del bote en el que mis amigos y yo nos despedimos del puerto hace menos de veinticuatro horas. El sol se reflejaba sobre las ondas del mar llenando de lágrimas nuestros ojos irritados. A lo lejos una pareja surfeaba y en la orilla unos niños perseguían un enorme papalote negro como un murciélago. Continúa leyendo El departamento de al lado // Mariana Rosas Giacomán

Curiosidad // Fabiola Terrazas Espinoza

Para una niña solitaria, callada pero con una gran imaginación, el libro, aunque sobre biología, se convirtió en un viaje por el universo de diversos sistemas que componían el cuerpo humano. Cada órgano y arquitectura celular era un lugar en el que Fernanda podía descubrir nuevos objetos, nuevas imágenes. Descubrió la sangre que recorría su cuerpo y la piel que la cubría. Continúa leyendo Curiosidad // Fabiola Terrazas Espinoza

Lancelot // Diego Quintero

Una hora después Clarissa se encontraba en un techo y tenía tres muertos en su haber; todos presas fáciles. Los primeros caídos en un combate casi siempre lo eran, además le habían provisto una Glock para sumarlo a su arsenal. Saltó al próximo techo; brincó el ancho de una callejuela, luego, hizo lo mismo tres veces más hasta dar con una casa demasiado baja como para que fuese ventajoso estar sobre ella. Continúa leyendo Lancelot // Diego Quintero

La fiesta de la canícula // Jessica Sevilla

A las cuatro horas, algunos extremistas de la fiesta se fueron a descomponer las luces. Los cuidadosos y los mochos decidieron irse. Quizás unos diez mil. El resto de los presentes más bien sintió alegría por el percance. En ese momento todo el plan se fue a la roña. Los pods comenzaron a ensancharse. Donde había cinco entraron diez y así sucesivamente hasta formar la gran nube, que fue visible desde Tecate y San Bernardino, California.   Continúa leyendo La fiesta de la canícula // Jessica Sevilla