La caracola mágica y otros oráculos

Mi primera experiencia con un oráculo fue en una tienda de juguetes con una Bola Mágica 8. Más allá de las predicciones que un artefacto como ese pudiera arrojar, me inquietaba que respondiera no puedo predecirlo ahora.

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            EL DICTAMEN

                        Calamardo. Éxito por lo pequeño.
                        Al molusco la perseverancia le trae ventura.

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Así como los niños que creen que hay personitas viviendo adentro de los televisores, yo imaginaba un espíritu entre los líquidos azules de la bola perdiendo el tiempo con tonterías en lugar de develarme mi destino. Desde entonces mis experiencias con los oráculos no han sido del todo positivas.

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No podemos decirte porque no eres miembro del club.

Hace unos años, mi mamá dijo que tenía que hablar conmigo, palabras que siempre son de mal augurio. Me mostró una colección de mazos de Tarot que guardaba celosamente debajo de su cama y me confesó que era practicante de artes esotéricas. Llevaba años haciéndolo, pero no me lo había dicho antes porque me consideraba un escéptico. He consultado al péndulo sobre ti, y tú no tienes aptitudes mágicas, pero tus hermanos sí.

Un amigo bromea con mi muy personal fracaso familiar y plantea el siguiente escenario: en la línea de calidad de una fábrica de péndulos, una viejita toma cada ejemplar y pregunta algo evidente (por ejemplo: hoy es un día soleado). Descarta como defectuosos todos los péndulos que dan una respuesta equivocada.

A pesar del desencanto, la naturaleza esotérica de mi madre sirvió para explicar también mi fascinación con el surrealismo y las películas de terror. No hay de otra, estaba en la leche materna. Luis dice que el surrealismo es como el acné y que a todos nos pega en la pubertad. Sospecho que a mí me dejó el rostro cacarizo.

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            LA IMAGEN

                       Calamardo se dirige al trabajo.
                       Escucha a Bob Esponja y Patricio
                       jugar con el lenguaje en una casa del árbol.
                       Ambos le niegan la entrada a su club.

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No puedes entrar, aunque lo intentes.

Consulto el I Ching para escribir esta columna. El ideograma es Lü, El Andariego. Cuando El Andariego se dedica a nimiedades atrae sobre sí la desgracia. Y la imagen hace sentido. Calamardo se dirigía al trabajo antes de distraerse con el club de Bob Esponja y terminar perdido en la selva de algas.

Aunque no tengo las cualidades necesarias para practicar este tipo de artes adivinatorias, he consultado con frecuencia el I Ching y tirado, para mí y para otros, las cartas del Tarot de Marsella. También tengo un péndulo que facilita mi proceso de toma de decisiones cuando ya estoy hasta la madre.

Creo que la práctica constante me permitirá ser un buen charlatán, y aunque no posea las cualidades mágicas de las que presume mi familia, fácilmente podría armar una oratoria parecida a la de Alejandro Jodorowsky.

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―¿Puedo comer algo?

―No

Leo mensajes en mis desayunos. Es posible interpretar la forma que adquieren los huevos al estrellarse en el sartén con los mismos procedimientos de lectura que se emplean con los sedimentos de café. Todo está tan cargado de significados, que pareciera que habitamos un retablo barroco.

Doctor, quizá uso oráculos para desplazar mi sentido de la responsabilidad hacia otros objetos, o también, para sentir cierto control sobre cosas que no dependen de mí. Tiene razón, no vendrá un pez guardabosques a salvarme de la selva de algas.

¡Ha hablado la caracola mágica!

Jesús de la Garza

Octubre, 2020

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