Ojos de golpe // Pablo Farías Letelier

cómo vamos a traer a ese ratoncito a la casa si ya tenemos a la Lala y la Lala se lo va a comer pues, mi niña, porque a la Lala no le gustan los ratoncitos y ya, ya, pero no llore, mi amor, míreme, hábleme, no llore, hábleme, háblame, habla, habla te digo conchadetumadre, habla, di al menos un nombre, habla, mierda, habla. Y el plástico azul que se le incrustaba más y más en el cuello porque la mano era indolente y la hundía cada vez con más fuerza en ese azul que le parecía tan, pero tan profundo, tan de abismo marino. Continúa leyendo Ojos de golpe // Pablo Farías Letelier

Experimental // Zulma Rodríguez

En una sesión, Sedina se desvistió frente a la cámara, Lili cerró los ojos y luego los abrió poquito. Sedina se quitó el uniforme escolar, se puso una camisa negra y un moño rojo de su hermano. Luego cantó algo de un chico enamorando a una chica; al final, se peinó los rizos con los dedos y aventó un beso a la cámara. Continúa leyendo Experimental // Zulma Rodríguez

Anís del Mico // Marshiari Medina

Las personas corren. Son cucarachas amedrentadas que torpemente buscan refugio entre las esquinas para protegerse del diluvio que no para. Yo me pregunto porqué soy tan pendeja. La lluvia sigue cayendo y estoy atrás de una manada de gente hedionda, que se echa pedos y huele a piel curtida, mientras nos resguardamos todos bajo el dosel de la zapatería. Continúa leyendo Anís del Mico // Marshiari Medina

Dos cuentos: Cuarentena y Ritual // Lesli Mejía

La primera semana la pasó de esa manera: no despegó la mano del lápiz; llenó hojas y hojas de dibujos de plantas y animales; incluso, se le entumió el cuerpo de tanto estar sentada. Pero cuando empezó la segunda semana, las imágenes dejaron de fluir, se sintió más cansada y la creatividad requirió un mayor esfuerzo. Continúa leyendo Dos cuentos: Cuarentena y Ritual // Lesli Mejía

Siempre hemos vivido en la montaña // Elma Correa

Entonces Gato Alado me contó que las palomas se emparejan de por vida y que solamente cantan cuando una de las dos palomas muere: es un canto de tristeza. Yo no sabía nada de eso y sentí pena por la paloma que cantaba pero después pensé que era culpa de ellas por elegir nada más a una paloma y no querer a ninguna otra. Claro, así como no iban a sufrir. Gato Alado pensaba que yo tenía ideas de persona grande y yo pensaba que tenía ideas y ya. Continúa leyendo Siempre hemos vivido en la montaña // Elma Correa