Todos los bichos del mundo // Jorge Orlando Correa

De nuevo en el coche, se dirigen a la terminal de autobuses. El cantinero, luego de orinarse en los pantalones y suplicar, con una voz temblorosa y atragantada, no, no dispare, por favor, don Martiliano, confesó que las personas que golpearon a José fueron un par de soldados de un cuartel establecido en otro pueblo, y que en ese instante deberían estar a punto de huir. Continúa leyendo Todos los bichos del mundo // Jorge Orlando Correa