Casa Colonial // Juan Pugga

La construcción del relato y de la tensión dentro del mismo son dos aspectos —elemento y recurso— que son difíciles de unir dentro de un mismo texto, pero que, si se logra, nos topamos con cuentos como Casa Colonial, de Juan Pugga, que llevan la tensión por medio de la narrativa y la descripción que nos presenta en forma de testimonio que nos eriza la piel con cada palabra.

K.M.C.


Casa Colonial

Casa Colonial 
Botillería
Santa Rosa
Expendio de bebidas alcohólicas
Restaurant
Diurno/nocturno Clase: C
Cantina Clase: E
Rol: 4-1109 / 4-2020
Art. 12 Ley 19.925

-…Puta la huea, estaba demasiado helá la chela po hueón, tú la viste po ,panchito. Transpiraba. Al peo se me resbaló de los deos. Alguien me empujó. No sé quién chucha fue. Voh sabí que fue sin querer po. Paquepo. Puta la huea. Ya mejor recogeré los vidrios para que niun culiao se corte. Anda cualquier cauro chico, paquepo. Ma encima estaba llenita hueón. Serápio. Ya, ahora mi huachito, háceme una casita po, háceme la segunda aunque sea po, no veí que si no,me pisarán las manos estos embaraos culiaos…- 

14:47 PM  …ahora que lo mencionas, recuerdo abrirme paso entre un mar de gente. Cientos de piernas se cruzaban en todas direcciones, cientos de extremidades perdían límite, toda grieta era sumergida en una masa de carne protuberante. Giraban millones de torsos, de brazos y piernas en un movimiento pulsado, constante y agitado. Millones de manos y pies aplaudían el horizonte al tocar la superficie del viento. Mira, me inspiré en ver lo pulento que era. Recuerdo cientos de millones de cabezas orbitando por Santa Rosa. Millones de cuerpos tropezaban en cada encuentro con el otro. Recuerdo que toda la masa latía un recorrido divergente,  todas las criaturas que estábamos ahí ocupábamos el mismo oxígeno. Nos dolía un poco respirar por el humo, nos picaba la garganta. No sé por qué mierda me imagino un bosque incendiado. Me siento corriendo al borde de un precipicio, estallándome el mar en los ojos ante su encuentro, reventándome las olas en los pulmones. Tras levantarme del golpe, pude solidificar el presente y me veo como piedra de río. Éramos erosionados por las multitudes agitadas. Fue chistoso ver a las personas caminar a mi alrededor, ignorándonos sumergidos por la corriente, mientras, agachados, recogíamos vidrio…

15:09 PM …miles de voces cortan la calle como una gran cadena humana. Miles de bocas secas gritan a todo pulmón. Gritamos a todo pulmón. Poco importaba que hirviera la sangre por el sol, mucho menos quedar sin voz. Millones de voces eran derramadas por Santa Rosa. Logrando salir del trance en cual estábamos, somos absorbidos por la desembocadura de esta vertiente que llega al caudal de Lalameda, el cual estalla ante nuestro camino como una piedra en la cabeza. Se paseaban corpo-realidades que buscaban completar, en alguna medida, la ausencia de los muertos. Vaporosos recuerdos recuperan su cuerpo en el carnaval. Lo digo imaginando en aquella señora a mi abuela caceroleando. Ojalá fuera real, aunque sea un ratito…

15:51 PM… cáscaras, restos y huellas son lanzadas con forma de piedra contra las lacrimógenas. Florecen cientos de lugares desiertos en las cenizas de los locales comerciales. Bajo los escombros y las baldosas quebradas aún quedaban productos sin destruir. Se graffitea toda rabia en el opaco blindaje. Cada ojo bota una lágrima. Las profundas arrugas de sus portadores son manifestaciones de arte, son actos de amor, son demostraciones de afecto. Amar el odio fue algo que nunca había experimentado… 

16:06 PM …Era asombroso ver cómo kilómetros de piel generaban un tejido invisible, un tejido que se iba hilvanando punto por punto, gracias a la tensión de las hebras que sudaban al cruzarse. Poco a poco se hizo un sistema circulatorio, donde cada extensión emitía un pulso, donde cada pulso dirigía diversas rutas de expectación y de escape… 

16:32 PM  …caminando contra la corriente, logramos una pequeña fisura entre el caudal. Nos escurrimos en un movimiento lento, refugiándonos en un pedazo de sombra, justo donde dejo mi colchón durante el día. Lugar que llamo casa además. Inoculando mis manos en las hojas durante un rato, las recupero con cuidado para mostrarle a Olivia una pequeña figurita de fósforos, un cuerpito que logré ocultar al interior de un frondoso arbusto, el cual lograba subsistir junto a una insigne escultura metálica, decadente por la orina y los años, de un antiguo militar cagado por las palomas. El cuerpito de fósforos no se había desmoronado por el amanecer húmedo del cual huí  anoche. Recuerdo que lo armé con los ojos atrapados en el infierno pegajoso que causaba la pólvora. No sé si habrá sido el vino, pero recuerdo lo maravillado que estaba al ver el burbujeante cartílago que emergía del carbón, el cual, por lo demás, logró levantar un fantástico esqueletito de palo. Prendía la pólvora y una vez unidos los palitos, los mojaba con saliva para sellar su forma. Olivia me veía encariñado con su encuentro. La tomó con delicadeza, y juntos la instalamos al medio de la vereda, justo en las faldas del Santa Lucía. Nos alejamos un poco, echándonos en el pasto. Nos ponemos a fumarnos el tiempo, mirando su diminuta presencia…

18:34 PM   Bicicletas y bípedos se detenían al encontrarla. La miraban con sospecha y se iban. Le tomaban fotos con sus celulares. De a poco distintos espectadores fueron dejando distintas cosas alrededor de la figurita, fueron dejando cosas que tenían a mano y que acompañaban el baile. Unas chiquillas le instalaron una cerca de alambre de púas, que estaba tirada por ahí, para su protección. Fue decorada con algunas lacrimógenas detonadas. Hondas sin elásticos edificaban la silueta de la figurita. Era un monstruo que se levantaba en una ciudad sitiada. Aparecieron un par de huesos de pollo apilados en forma de casa. Flores de plástico, y otras arrancadas de la maleza formaron un jardín, donde un grupo de ancianas levantó velitas sobre un cerro de camotes. De lejos parecía un pequeño valle o un escenario rodeado de cordilleras de cera.

También  roedores y cuadrúpedos la esquivaban asustados al verla. Le gruñían con miedo. Hasta las palomas la miraban con extrañeza. Ahora que lo recuerdo, era bello lo que miraba. Todo se quebró cuando unos despistados comerciantes la atropellaron con su carrito de supermercado, chorreando agua en su paso. Mientras gritaban “a luca la chela”, peleaban por plata, mirando al público de pie a cabeza, que los observaba. Interrumpiendo su aguda conversación, balbucean molestos  al darse cuenta de que un fósforo, desprendido de esta seudo animita popular, detuvo una rueda. Los perseguía el alambre de púas tras sus pisadas. Los observadores, desilusionados, cambian el tono de su grito, reclamándoles la  destrucción de aquel patrimonio artificial.  Pateando la figura, los comerciantes continúan su camino, puteando al aire: – Jipis culiaos, hacen puras weas. Si quieren hacer algo de verdá, vayan a tirarle molo a los pacos po, si se creen tan vios embaraos culiaos, así no dejan shrahajar shranquilos. Son puro weones, gile culiaos, me los meo- ….

19:17 PM   Triste, muy triste, me acerco a ver la agonía de esta pequeña figurita pateada. Me veo rodeado de cientos de ojos preocupados por el estado de aquellos fósforos. Sonrío y nos alegramos al ver que resistió el golpe manteniendo su frágil cuerpito. La levanto y rápidamente Olivia, sin pensarlo, le adapta una pata de colilla, echándole su última bocanada. Una caricia de humo, un embrujo. Aprovechando el fuego le adapta una prótesis con la que consigue pararse, incluso levantarse. Todos adquirimos una sonrisa marcada, media gitana y forense. Una comparsa nos ofrece un baile de celebración, en alabanza de la figurita recuperada. Recuerdo que le pusieron un nombre, “Guillermina la coja”. La risa se densificaba al ser transmitida de boca en boca, como un gigantesco beso, bailado y apretado, cantando lo ocurrido. Los vientos que electrizaban el corazón y las percusiones que palpitaban en las manos, es un momento que guardo con cariño.

Poco a poco comenzó a llegar gente de distintos lados, se enteraron a la distancia de lo que pasó. Me senté en el piso a esperar a Olivia mientras iba a comprar. Me refugio en el cuidado de Guillermina. Pero el viento y las hojas de la tarde se transformaron en seres que la expulsaban con violencia y la desarmaban con hambre. Justo al acabarse las velas, se acabó el espectáculo al aparecer fuerzas especiales en el paisaje. Los observadores vuelven a correr para todos lados. Se vació el espacio derramando una cortina de humo. Se evaporó el caudal tras las lacrimógenas. Por suerte perdí la capacidad de llorar hace muchos años. Se dispersaron los cuerpos, todos se fueron tosiendo entre una ceguera de ardor. La calle vuelve a quedarse vacía. Viraron todos para sus casas. Yo me quedo en la mía. Olivia llegó echándole chuchadas a los pacos… 

23:11 PM   …haciéndose retarde, de noche, los faroles programados tiñen de amarillo muerto las hojas grises. Acabándose la vigilia como la hierba, decidimos dejar el recuerdo hasta acá. Esta noche estará movida, le dije, estarán todos los personajes tapizados de esta fauna, todos los héroes presentes. Entre risas, Olivia me convence, y se convence de que mañana debe trabajar. En eso, varies chiquilles, como se presentaron al acercarse, muy amablemente nos dejaron pancito y queso, y un par de cigarros que les ratonié para el frío. ¡Hoy chuparé sin culpa!, les grite en su ida, ¡oye, me gusta mucho tu pelito azul, se ve pulento! Riéndonos, Olivia prende un cigarro. Le pegó sus tres quemás y con la ceniza encendida detona la pólvora de Guillermina. El fuego crece mostrando en estallidos los colores de las cosas que presencian su caída. Desmoronándose, la figurita se sumerge en las brasas de unos flacuchentos palos quemados. Una pelea de perros es el canto fúnebre más casual que mastica el fin de esta imagen. Al pararnos recogimos los huesos calcinados y los dejamos caer en el basurero. Nos aplaudimos las manos para limpiarlas…

00:00 PM …nuestros pasos se aceleraban o se detenían, según el ritmo de la conversación que fluía sobre la figurita de fósforos, nos preguntamos de dónde salió Guillermina. Recordamos de lo viva que se veía su silueta bailando con las luces, de cuantas caras de sombra tenía… 

Ahora que la recuerdo creo que soñé que moría, que se iba, como el rostro de mi mami niña, fumando en la cocina… +

00:02 PM …transitando por el sur de Lalameda, con los labios morados, nos detuvimos a decidir qué micro podía tomar Olivia de regreso a Puente Alto. La dos-diez fue desviada hacia Matta, nos contaron. Tendríamos que caminarla. En eso, una fuerte luz blanca, incandescente, explota del callejón y nos golpea en el rostro. Una fosforescente claridad nos quita la silueta y se plasma en el piso una pequeña sombra, develando nuestra desnudez callejera. Toda vida arrancó de la luz.   Dos policías oscuros, con prepotencia, nos detienen solicitando nuestras identidades; con apuro y soberbia, recuerdo, descansaron sus manos, al mismo tiempo, una en la luma, la otra en la pistola. Luego de reconocer los espectros sin nombre de los uniformados, ambos estallamos de risa al revisarnos y comentarles, muy nerviosos, que extrañamente perdimos nuestras identificaciones. Que buscamos y buscamos en nuestras pertenencias, pero que no teníamos muchas explicaciones de en qué momento se nos perdieron de vista. Quizás se nos cayeron en la marcha, dije. Les comenté que vivo en la calle. Nos detuvieron por hacer fuego en la vía pública, de ahí no dijeron nada mientras nos golpeaban. Desde aquel entonces tengo cicatrices en mi memoria, me duele recordar. Solo recuerdo la impotencia de mi cuerpo, la saliva atragantada por una pierna que me ahogaba, mientras me torcían y forcejeaban mis manos. Mis ojos estallaban de ira al ver cómo manoseaban a Olivia, apretando su piel contra la muralla. Como una culebra, una pistola penetraba con dolor su cuerpo hinchado. Convulsioné mientras me pateaban en el piso. Recuerdo su grito antes de que la oscuridad tragara su lengua y quemara mis ojos. 

Siempre la espero en esta botillería.


Juan Pugga (Puente Alto, 1994) es un habitante de la ciudad de Santiago de Chile. En la escritura se inició desde temprana edad, trabajando varios años en el hallazgo poético en una técnica de expresión.  Desde el 2019, ha podido publicar sus escritos en distintos medios digitales de Chile, Argentina y México. Durante la el invierno pandémico del 2020 publica en una edición autogestionada su primer libro de poemas, Mecha. En sus tiempos libres práctica la bibliofilia y la fotografía. 

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