Los bares ya no son lo mismo // Ana Nicholson Leos

La gentrificación es un problema. Yo he sido parte de él. He visto cómo bares se transforman frente a la llegada de jovencitos —y otros no tanto— con atuendos intencionalmente desarreglados. Los clientes que frecuentaban esos lugares pronto dejan de ser parte para convertirse en el folclor. Nicholson nos cuenta sobre un par de amigas que dejan de pertenecer. Un texto fresco sobre una noche de fiesta cualquiera, antes del covid, claro.

K.M.C.


Los bares ya no son lo mismo

Tenemos yendo desde que nos conocimos trabajando en el Sanborns. Nos fuimos a casa de Casandra a arreglarnos. Nos cambiamos las medias color canela por las de red. Yo me puse unas botas con muchas hebillas que me compré en el Chopo, Casandra unas Doctor Martens originales de Fayuca. Nos apretamos el corset la una a la otra. Nos salimos corriendo para que su mamá no viera que teníamos pintada la boca de negro. No le caigo bien, dice que me arreglo como la novia de Chucky. A ese bar vamos casi solo vamos por Lord Fer. A escuchar qué temas trae de new romantic, rockabilly, electrónica y pop del bueno.

Por ahí vi a Giovanni, un compañero que está de valet parking. Ya lo había visto vestido así en un concierto en el Circo Volador, pero cuando nos ve se hace el que no nos conoce. Lo entiendo. Aquí venimos pura gente que luego, luego que llegamos del trabajo, nos quitamos el disfraz del uniforme y nos vestimos como quien realmente somos.

Compramos dos caguamas y nos fuimos a una esquina a bailar con cara de aburridas. Letárgicas, decía Casandra. En eso entró un grupito de güeritos con la cara que haces cuando entras a un museo y no entiendes el cuadro que tienes enfrente, pero te quieres ver interesante. Últimamente venían mucha gente así aquí. Casi siempre eran banda, hasta que alguno se le antojaba tocarle la mohaicana a alguien y terminaban por cantarles un tiro para que se fueran. En ese grupito venía un güey muy guapo, vestido igual que Morrissey de joven, hasta tenía el fleco y los ojitos azules. Traía un suéter de viejito con pines. Tenía cara como de maestro de español, pero de colegio o de universidad. Un maestro de literatura. No se veía como que era de por aquí, se veía que era de un lugar bonito ¿Hace cuánto que no tenía novio? Desde Francisco no había salido con nadie. Él también se veía muy decente, pero se comió a todas mis “amigas”. Hasta a Cas intentó tirarle la onda. Ahora tiene dos hijos con una vecina que ya tenía una niña y está demandado por no dar manutención. Pero ese no se veía que fuera ese tipo de hombre. Tenía cara de esos hombres que no pintan el cuerno, que te presentan con tus papás. Tal vez era de España o Inglaterra. Si me le acercaba esa noche y nos enamorábamos, podríamos tener una relación a distancia. Mandarnos cartas románticas y hablar por teléfono.

Necesitaba que me viera.  Para mi suerte sonó una de mis canciones favoritas. Brinqué con Cas de felicidad haciendo ruido para que me viera. Caminé hasta en la pista de baile.

Let’s dance, put on your red shoes and dance the blues.

Casi enfrente de él, empecé a bailar. Quité el gesto letárgico y sonreí sensual. Me pasé las manos entre el cabello mientras movía la cadera de un lado al otro.

Let’s dance.

Luego me toqué la cintura, mis medias y me levanté tantito la falda. Bailé como si me estuviera viendo.

To the song they’re playin’ on the radio.

Unas luces rojas interrumpían la oscuridad del bar.

Let’s sway, while color lights up your face.

Yo era puros ojos entreabiertos, la boca en un beso. Lo veía de reojo solo para asegurarme quedarle a la vista. La música estaba muy alta y moví los labios diciendo estás superpapi, tienes cara de papá de mis hijos, del amor de mi vida número ocho, mírame, mírame, mírame. Revisé su dedo anular: estaba vacío. Pensé en tener con quién llegar a comer después del trabajo, en tomar una clase de salsa juntos, en dejar de fumar.

Let’s sway, sway through the crowd to an empty space.

Entonces volteó a verme, pero de tarada no pude devolverle la mirada ¿Y si estaba muy guapo para mí? Caminó hasta pararse a mi lado ¿Qué le podía decir yo a él?

If you say run, I’ll run with you, and if you say hide we’ll hide.

¿Y si nada más se me acercó porque el bar estaba lleno? ¿O, peor aún, porque le parecí bicho raro y quería verme más de cerca? Pero lo sentía acercándose a mí, tal vez sí le gusté.

Because my love for you, would break my heart in two

Cuando por fin estuvimos hombro a hombro, una de las güeritas con las que entró se puso a bailar con él. Le jaló de los brazos y se puso a bailar con él como cuando te empiezas a enseñar a bailar cumbia: solo estás vuelta que vuelta y acabas todo mareado. Sentí tristeza, como si hubiéramos tenido algo. Pero si esa noche hubiéramos hablado, hubiéramos salido, después tenido algo; si nos hubiéramos querido, seguro alguna noche en algún bar lo hubiera cachado viendo a otra güerita como esa. Decidí parar de hacerme la ridícula y le dije a Casandra que si quería irse a fumar un porro que yo tenía preparado. Viéndolo más de cerca, ese güey tenía cara de que le molesta la gente que fuma en cuartos cerrados. Nos fuimos a la esquina contraria. Los dos seguían bailando, seguían vuelta y vuelta. Ella se puso sus lentes y se estaban haciendo los chistositos para que todos los vieran.

El bar estaba se llenó completamente rapídísimo. Con los de siempre, pero de grupos de güeritos, modernitos y turistas franceses que les apestaba el sope más feo que a los góticos de antaño en un día caliente en el Chopo. Los bares de por aquí ya no son lo mismo. Fuimos a comprar una caguama, nos tuvimos que empujar entre la gente. Ya no había caguamas, pura Tecate Light: “Y todavía no está fría”, nos dijeron. Como sea nos compramos dos cada una y nos apretujamos en donde pudimos para tomárnosla. Luego me dieron muchas ganas de ir al baño y fuimos. La fila era larguísima. Estuvimos paradas ahí como media hora. Cuando por fin llegamos, estaba más asqueroso de lo normal, no había agua, ni papel y había una kotex pegada en una puerta. Cas dijo: “Mejor vamos a mi arbolito en la calle”. Le dije que sí.

Como pudimos nos salimos. Ya afuera Mike, el cadenero, nos dijo:

—Si ya salieron, ya no entran.

Yo le dije:

—Mike, pero somos clientes frecuentes.

Casandra dijo:

— Aparte tenemos sello, pagamos cover completo.

—Si se salieron, ya no entran. Está muy lleno. Están clausurando varios bares de por aquí.

Casandra le dijo:

—Ay, Mike, no mames.

Y él se puso más serio.

Yo le dije a Cas: “Vamos al baño y luego vemos a qué otro lugar vamos”. Yo me estaba meando. Caminamos hasta donde estuviera más oscuro. Nos escondimos atrás de un carro. Creo que haciendo de aguilita he aprendido mis pasos de baile más sensuales, sacudiéndome para secarme. Nos bajamos los calzones, nos pusimos en cuclillas, nos agarramos las manos para no perder el balance con las bototas que traía y lo pacheca que estaba. En el charco de orines vi reflejados las luces de una patrulla que traía las sirenas apagadas para patrullar sin que la escucharan. Nos levantamos en chinga. Pisé los orines y me manché las medias.

Nos escondimos lo mejor que pudimos. Nos revisamos el delineador con la luz del celular en el espejo de un coche.  Caminamos unas cuadras. Los lugares tenían una fila hasta la calle de gente que nos barría o de plano se cuchicheaban cuando pasábamos enfrente de ellos.

Yo dije: “Yo no creo que no nos van a querer dejar entrar, ¿y si vamos a una cantina de ñores?” Nos quedamos esperando un taxi para irnos hasta el centro.


Ana Nicholson Leos (Colima, 1988) es narradora. Participó en la antología Once navajas: narradores al filo de los treinta, publicada por Tierra Adentro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s