Le hice un altar a patti smith en mi cuarto // Valeria Mussio

La revolución hoy en día va de la mano con la militancia de lo tierno. Queda claro que los poemas de Mussio están más cercanos a una canción de cuna positiva para nosotres, les adultes. Su reflexión alegre es una militancia. Una caminata en el parque y detenerse a mirar el brillo de las hojas, deberían ser parte de nuestro itinerario diario, tanto como leer estos poemas. Rememorar el amor perdido de la adolescencia, y reírse de eso. Coronar a nuestros perritos por habernos dado amor en tiempos pandémicos y de cuarentena, siempre son una buena opción para hacer tu acto dulce del día. Atrevámonos a cometer más actos dulces.

F.E.T.E.


éramos chicos y vivíamos en la boca

romantizamos la idea de vivir para siempre en una isla
vos comías una naranja, arrancabas con tus dientes
la pulpa de la cáscara, el jugo chorreaba
por tu dedos, eras un espectáculo increíble 
teníamos pantaloncitos cortos
en esa época no éramos hombres todavía 
mi abuelo siempre cuenta esa historia de su amiga
se llamaba creo que valeria, 
valeria juana maría o algo así, siempre perdía
en la escondida porque tenía
un moño negro gigante en la cabeza que
se veía detrás de los escombros

cada vez que te vi yo también disimulé muy poco, 
era amor pero también
estábamos chillando de pena, 
bajé corriendo de la cucheta y metí la pierna entera
en el balde en el que hacíamos pis, me esperabas
comiendo naranja en la vereda y te reíste de mí, 
cabalgabas un caballo azul de palo
tenías un sombrero de cowboy y disparaste
contra mí
 
bang

el elástico se partió y pegaría justo detrás de mis rodillas

bang

tiraste una bomba en mi Hiroshima

¡bang!

siempre me dejé morir primero porque yo
siempre te quise más de lo que vos me quisiste a mí, 
yo me quedaría en la isla para siempre
la vecindad que conocimos
ahora es un negocio de souvenires truchos y
mi corazón es una virgencita
que se pone rosa con el clima

clint malarchuk

la cuchilla de un patín corta la yugular de clint malarchuk y
se desangra en vivo en la tv pública canadiense.
dos personas tuvieron un ataque cardíaco, once
se desmayaron y muchísimas vomitaron
mientras su sangre rojísima teñía el hielo seco
y clint malarchuk se arrastró
por el hielo pensando “no quiero que mamá
me vea morir por la tele”. clint malarchuk llegó a amar
tanto a alguien que fue capaz de llamarla antes
que a dios y que al médico ex combatiente de la guerra de Vietnam
que ahora es referí de hockey sobre hielo,
amó tanto a alguien que mientras se estaba
muriendo, porque estaba seguro de que se estaba muriendo,
incluso aunque al final no se murió, por un segundo
estaba seguro y su cuerpo se vació de sangre y pintó
un cuadro único que fue desparramado por una
trapeadora automática que intenta limpiar y falla
de una forma horrible mientras más y más gente
se desmaya ante el espectáculo, solo pensó en ella y dijo
“no quiero que sufras por mi culpa,
no quiero que sufras nunca.”

le hice un altar a patti smith en mi cuarto

y mientras le rezo pienso en el primer
 hijo que tuvo y decidió
 dar en adopción. considero
 la posibilidad de existir como hijo
 de patti smith pero lejos de patti smith,
 ser la razón que podría haberla
 convertido en una maestra jardinera y no
 una adolescente de 19 años que toma
 un colectivo se cruza
 a robert mapplethorpe y le pide, descarada
 que si piensa regalarle a una chica
 aquel collar violeta que esa chica sea
 únicamente ella. cuartos con estrellas
 de seis puntas y tules oscuros con dibujos
 porno y polaroids tapando las ventanas,
 toda la música que no hubiera
 sucedido si el hijo dado
 en adopción de patti hubiera atado
 sus tobillos como estacas en la tierra, pienso
 en sus noches sentado en el porche
 de su casa de estadounidense promedio
 con su esposa promedio y sus hijos
 debajo del promedio, noches de verano
 sofocantes cada vez menos luciérnagas
 una cerveza que se calienta mientras mete
 su mano en su calzón imaginando
 formas en los pastos mientras la otra
 mano abolla una lata vacía. pienso en dios,
 porque antes de patti estuvo la primera
 comunión y el primer sorbo de vino
 que no anticipó nada de lo que estaba
 por pasar, pienso en dios
 que debería haber tenido miles de hijos pero uno
 solo descendió para nacer de entre las piernas
 sangrantes de una mujer pobre en medio oriente,
 en lo que debe ser saberse el único hijo
 destinado a morir, a morir como morimos los demás
 a sentir dolor en el cuerpo como en el cuerpo
 sentimos los demás, personas comunes amontonadas
 en patios con el pasto crecido abanicándonos
 con revistas que dejaron de imprimirse y se acumulan
 porque nunca nos decidimos a tirarlas con mosquitos
 pegoteándose en nuestra piel sudada, aventurando
 dedos que se filtran entre muslos que se abren
 de a poco, en clavículas que se estremecen pelos
 que se erizan con el tacto porque el hijo de dios murió
 por los pecados de alguien
 pero no por los nuestros.

cuando estoy triste escribo poemas de amor para recordar que la vida es hermosa

deberías saber que hoy hiciste algo hermoso y ya podés echarte a dormir
 en el pasto, con tu perro o quién sea
 pero no dudes de que por fin podemos estar
 más tranquilos, si estabas corriendo enloquecido y
 de pronto paraste porque una paloma tenía
 algunas manchas blancas irregulares en la cara y dijiste
                                                                               “waw”
 creo que podemos considerar esa como tu buena
 acción del día. estoy tratando de convencernos
 de algo nuevo: deberías leer esto con las voz de tu abuela,
 deberías saber que las voces son lo primero
 que se olvida, que tu cerebro va a desarticular los sonidos y de a poco
 va a reemplazar las caras con pinturas abstractas,
 que lento vas a dejar de recordar las cosas y por eso
 quizá te convenga hacer menos esfuerzo por sostener lo que está
 tendiendo a hacerse pedazos. ahora estamos de nuevo
 en esa fiesta, y sabés que mi boca se va a volver abeja buscando
 flores raras y con colores extraños para rozar apenas,
 y sabés que voy a darte vergüenza probablemente bailando
 de una forma muy poco sensual muy poco
 prolija, y deberías conocerme porque es probable
 que me vaya del lugar caminando sola y sin
 avisarte de nada. entonces sabés que si lográs
 soportarme un día más ya hiciste algo hermoso y podemos
 echarnos a dormir en el pasto, y yo voy a intentarlo también
 quizá enviándote esto en un avión de papel que entre
 de forma juguetona por tu ventana,
 deberías abrir la ventana y mirar el sol
 aunque las abejas estén empezando a desarrollar la capacidad de elevarse
 tanto que se meten en nuestro piso nueve, deberías saber
 que es bueno que las abejas vuelvan porque si no
 el mundo se termina. y amamos el mundo ¿no es cierto?
 k me dijo que su planeta favorito es la tierra,
 y cómo podría ser la tierra cuando existen
 júpiter y plutón, pero claro acá tenemos
 campos de maíz películas de zombies y telescopios para ver supernovas
 y si bien todavía prefiero a júpiter y a plutón me parece
 que es un argumento bastante infalible pensar
 que el planeta más hermoso es este
 en el que podría encontrar tu cara y su cara y todas las caras que me gustan
 y reconocer siempre la ternura en una multitud cualquiera.

Valeria Mussio (Tres Arroyos, Argentina, 1996). Dirige la editorial digital Matrerita (editorialmatrerita.hotglueme.com) y es parte del equipo de la revista Poesía Sub25. Realiza videoclips que se pueden ver en su canal de Youtube y sube sus poemas al blog hastaprontoquerida.tumblr.com. Publicó “Manual de supervivencia para un ataque de ira” por HD Ediciones y “¡Hasta pronto, querida!” por Peces de Ciudad.

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