Reseña: Arco de histeria // Esther M. García

Acariciar los dientes que se esconden entre las piernas:
notas sobre Arco de histeria de Esther M. García

En un cuerpo que no puede ser dicho completo por sí mismo, habita una historia macabra de dolor y desasosiego. Habitarse en este cuerpo implica transitar por una gramática negativa, un no decir que juega el papel de un no ser. El útero es el centro de este vacío del ser, un órgano lleno de mitologías devoradoras de mujeres, dejándolas marcadas como ganado por un falo de hierro rojo que deja heridas diseñadas para no sanar. Arco de histeria, el libro negro (Ediciones CONARTE, 2020)de Esther M. García es un trabajo que traza un mapa alrededor de las dobleces y contracciones de la imagen del útero. Continuando con el estilo que sublima las fronteras entre poesía, ensayo e historiografía que ya le habíamos leído en La destrucción del padre (El periódico de las señoras, 2019), la poeta nos cuenta una historia en verso literalmente contada al margen de la página, al margen incluso de la gramática. Un esfuerzo para pronunciar la palabra “útero” y generar un significado autónomo. La envidia fálica se vislumbra como pura metafísica de la presencia, una cortina de hierro que evita ver otras posibilidades; otro espacio donde el binario voraz se desarticule en favor de una gramática uterina.

Y es en efecto el útero el que nos recibe como la puerta al infierno de Dante. El ejercicio visual pone en la mesa la cuestión de un no ser, implicando que los espacios en este órgano textual están condenados a ser llenados, penetrados, so pena de quedar incompletos, castrados:

El infierno médico y sexual al que nos conduce esta puerta es el vacío y la polémica fálica que se desarrolla alrededor de su posibilidad de ser un ente autónomo. El nacer sin falo, como un ser castrado se vuelve una condición patológica, un arrebato emocional y errático, cuyo peligro se define siempre desde el ojo masculino (recordemos el poco caso que hicieron Freud y otros psicoanalistas a las objeciones de Karen Horney al falocentrismo del corpus teórico psicoanalítico). Una versión medicalizada del pecado original cristiano, una enfermedad congénita que está latente en cada niña, a las que conviene someter y tratar desde la infancia temprana, poniendo sus úteros en una macabra economía del dolor desde los inicios de su consciencia. Citando a M. García:

El doctor ha elegido el tratamiento de la masturbación higienista o teoría de fricción en genitales: aplicación local de perfumes variados, masaje pélvico para retornar la matriz a su lugar. El poema se arquea voluptuosamente. La niña culpa a la sexualidad androcentrista por su fracaso. Emerge una música enfurecida de entre sus piernas.

Lo macabro del asunto, es que estas presencias masculinas como la del médico que se manifestarán a lo largo del poemario, actúan apelando más a un sentido del deber ser que a una a malicia genuina. La psicoanalista feminista Luce Irigaray ya advertía este tipo de desencuentros, este espacio de vacío sólo lo es tal desde el punto de vista fálico, en realidad la autosexualidad vaginal y uterina es una actividad constante desde el momento en el que los labios vaginales se rozan entre sí, un encuentro que sólo es interrumpido por la penetración que los divide.

Yendo en contra la noción patológica, existe esa posibilidad de una sexualidad autónoma, sin el elemento mediador del falo, sin embargo, existe toda una visión generalizada del placer y una existencia alejada de la norma fálica se vuelve difícil de imaginar y más aún de articular en el lenguaje. La enunciante en Arco de histeria es de un habla difícil, su lenguaje es un objeto en construcción en el que gesticular su experiencia implica un sacrificio mayor, una apuesta que se hace por la desesperación, por un historial de heridas irreparables a las que ni siquiera se les permite habitar en el lenguaje. La poeta alude a esta dinámica en varias secciones del libro donde el cuerpo del poema está en blanco al tratar de relatar el horror vivido por las mujeres histéricas en el hospital psiquiátrico de La Salpêtrière, pero en su lugar, se empieza a formar una historia y un habla de la histeria en el pie de página:

En el templo de mi cerebro 
 resuena una oscura cítara. 
 
El animal de mi útero 
 invade, según Platón, 
 todo mi cuerpo. 

 Emergen heces naranjas 
 ante el epiléptico goce. 

 Láminas de plata ennegrecida 
 fluyen del sudor de mis sienes. 

 El placer es un ojo inmenso 
 acechado 
 por la luz del escalpelo 

El libro se maneja en esta tensión entre el cuerpo de texto como una escritura canónica, una gramática ya construida que puede dictar sentencia sobre la vida corporal, y el texto al margen, un no-texto en el que vemos esbozos por desarticular los valores de exposición de las palabras. Esto es, las reglas de juego establecidas jerárquicamente para poder usar términos como “útero”, “vagina”, “mujer”, “placer”. De aquí se forman bioesencialismos donde el goce del cuerpo será siempre subordinado a la patología. Ningún útero puede ser sano, porque semánticamente no puede serlo.

Lo que queda es un habla aparte, una escritura marginal donde apenas se vislumbra un “yo histérica”, el producto de rechazar las manos y las tintas masculinas que han invadido el útero. Tintas médicas y filosóficas que canibalizan el cuerpo de la enunciante en debates escolásticos de la carne. El pie de página se maneja en otra dinámica de vacíos, un aparte paratexto, un “fuera de texto”, que en realidad forma una red mucho más grande y compleja de lo que la archiescritura del texto principal, el texto médico o el texto filosófico contemplan. Ese cuerpo castrado, ese hombre incompleto, empieza a reclamar y formar un lenguaje, un proceso que no es placentero porque debe pasar a fuerzas por el punto de nombrar las heridas. El nombrar y recontextualizar el imaginario de la histéricas es reclamar el hecho de sentir dolor y el lugar enunciativo donde ese dolor es significativo.

En el habla patológica, sin embargo, el dolor es visto casi como un fin en sí. El examen médico más que aliviarlo, ordena sobrevivirlo y refinarlo. El hogar se vuelve una especie de primer escuela de la tortura y la enfermedad, y voltear a ver a la familia es verlos como agente bacterianos que consumen los vasos sanguíneos:

 Toda familia es una enfermedad 
 y el deber de todo miembro enfermo 
 es sobrevivirle. 

“Sobrevivir” siendo un término muy relativo, pues no hay vida autónoma, no hay agencia para las histéricas. La poeta, sin embargo, hace un ejercicio en el que el habla al margen de las histéricas empieza a tomar forma en el cuerpo textual principal. Quizá análogo a la tarea de las mujeres psicoanalistas que tomaron la teoría fálica y lograron articular teorías feministas. La enunciante puede “analizarse”, puede empezar a hablar de su patología, de su útero, de sus genitales supuestamente incompletos. Finalmente, los inicios de la gramática uterina, y habitarla se vuelve casi como pronunciar las primeras palabras, e.g. este momento en el que la enunciante reconoce la patología con la que la han marcado como algo dentro del dominio de su habla:

Digo casa para decir manicomio, 
 para decir locura, 
 diciendo histérica, diciendo: No, papá, para por favor, 
 ¿qué estás haciendo? 

Aun así, no se consuma la emancipación de las histéricas, de la histérica arquetípica que se materializa en la figura histórica de Blanche Wittmann. Los soportes donde es posible ya articularse, son cuando menos inestables sospechosos. Existe un intento por desafiar la forma fálica del poema para convertirlo en un punto habitable. El ejercicio que se hace en una historia literaria profundamente misógina y carnívora. Castrar al poema, darle nuevo placer al poema, permitirle al poema tener labios que se besan entre sí:

Un poema como una cavernosa cavidad. 
 Una imagen hecha de millones de hilos rojos, 
 delgadísimas fibras de palabras 
 que se amontonan para decir algo, 
 trasladar lo innombrable en lo nombrable, 
 o asible, algo por los ojos transitable. 

Pero para la enunciante queda pendiente la interrogante mayor: ¿qué es el útero? ¿se le puede definir sin la larga historia de torturas infringidas en nombre de la medicina fálica? ¿se puede definir sin el miedo inherente de los hombres de lo que se oculta en él? El útero termina por convertirse en “un puño ardiente/que espera venganza”. La vagina dentada, terror masculino por excelencia, se vuelve una poderosa figura de refugio y de contraataque.

El libro acaba en una búsqueda del placer autónomo, con la exploración de la masturbación. No obstante, el discurso de la enfermedad corroe la actividad, las manos se vuelven apéndices enfermos que más que liberar, desprenden contaminación en el cuerpo de la histérica. La conclusión del poemario es sumamente amarga, una en la que el placer parece que estará ligado siempre a la violencia sexual por la que ha pasado la voz poética:

El amante de la noche viene 
 a través de los cinco negros dedos de la mano 
 —el lujurioso el voluptuoso 
 el lúbrico el mórbido 
 el lascivo— 
 Blanche, 
 ¿por cuál habrás de perecer? 

Arco de histeria, el libro negro es una lectura desafiante y dolorosa. Rebasa el objetivo de ser una historia versificada de la histeria, y se convierte en una exploración del placer que problematiza los mecanismos que han ligado el goce femenino a la violencia y la mutilación, al consumo de sus potencialidades sexuales dentro de economías fálicas sangrientas. Junto con obras como el fenomenal Libro hémbrico de Andrea Crespo Granda, o a Historia de la leche de Mónica Ojeda, Arco de histeria es un libro que nos obliga a ver la historia de la escritura y pensar en los cuerpos consumidos para que exista una escritura canónica. La cadena de mujeres y niñas hechas desaparecidas en el lenguaje, invisibilizando un historial de daños que sólo podrá verse en plenitud atacando y rehaciendo la noción misma del texto. Leer a M. García es quedarse pensando en el dolor histórico acumulado y sentir terror ante lo que quizá ya esté más allá de lo sanable.

-Esteban López Arciga, Febrero de 2021


Arco de histeria, el libro negro fue publicador Ediciones CONARTE y puede ser adquirido aquí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s