Auxilio // Antonio Miguel Muñoz Ortiz [̶M̶i̶g̶u̶e̶l̶ ̶G̶u̶e̶r̶r̶a̶]̶

La figura de Roberto Bolaño ha despertado en nuestra generación, para la suerte que se quiera, un hechizo del que será imposible escapar. Su ya mítica amistad con Mario Santiago Papasquiaro es una estridente consigna en pro de la poesía, la imaginación y la libertad.

Hay que subir a la nave espacial que Antonio Miguel Muñoz Ortiz ha conducido desde algún lejano planeta. El destino es incierto y los encuentros cercanos del tercer tipo están garantizados. Que este ensayo sirva como prueba irrefutable: están entre nosotros.

J.G.


Auxilio

.

Una lucecita azul:

 Después el mar calmo iluminado por la luna.

Ernesto Cardenal

Salí del bar para tomar un poco de silencio y aire. Era casi la medianoche y la fiesta crecía y crecía a cada minuto. El local se llamaba Oasis y nunca como en ese entonces tuve tanta certeza al pensar en algo: amo el desierto y amo la noche. Aquí no había horror y mucho menos aburrimiento. Alcé la cara para contemplar mejor la situación y el mundo que me rodeaba. Pensé en mis amigos y la gente que estaba adentro. Traté de comprender un poco, quise entender cómo funcionaba el tiempo, la vida, el momento exacto en el que me encontraba, pero ninguna iluminación mental o espiritual vino a mí para completar el milagro. Y, entonces, en el cielo brilló una luz.

*

Pasaron más de 20 años para que Roberto Bolaño volviera a su país de origen: Chile. Su exilio le dio la fama y la materia prima por la que muchos lo conocemos hasta ahora. A mí me gusta mucho esta historia, por eso la cuento, y también para contar la mía. Volvió por primera vez en el 98 y luego en el 99 para dar una plática en la Feria Internacional del Libro de Santiago (“Presentación” de Entre paréntesis a cargo de Ignacio Echeverría, 2014). Recién había ganado el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos con Los detectives salvajes, esa novela que todavía sigue leyéndose y comentándose. Un año antes, en el entonces Distrito Federal, había fallecido un hombre con dos formas distintas para referirse a él: José Alfredo Zendejas, Mario Santiago Papasquiaro.

En una parte de la conversación para el programa La belleza de pensar le preguntan a Bolaño quién es Ulises Lima. Bolaño responde:

Ulises Lima era mi amigo.

Mario Santiago, quien murió hace un año y pico.

El entrevistador avanza y decide ahondar en el tema porque vislumbra que hay algo ahí que puede ser muy importante. Le pide a Bolaño que hable de Mario.

Bueno, fue mi mejor amigo,

mi mejor amigo de lejos.

Poeta mexicano.

Un ser extrañísimo.

En realidad, Mario Santiago parecía

haber bajado de un ovni hace un par de días…

Roberto sonríe.

*

Muchas de mis amistades tienen que ver con la obra de Bolaño. Cuando entré a la universidad, el primer amigo que hice entabló una conversación conmigo porque quería leer algo de Borges. Yo lo escuché y dije que podía prestarle uno de los títulos que tenía si él hacía lo mismo conmigo. Le pregunté si tenía algo de Bolaño, un autor que en ese entonces quería leer pero difícilmente podía costearme. Juan sonrió. Le di mis opciones y optó por Historia universal de la infamia (1935), luego él me dijo las suyas y sugirió Amuleto porque dijo que ese libro podría ser bueno para introducirme. La sonrisa de Juan fue la de alguien que pertenece a una secta. Andrea, que estaba a su lado y también se hizo mi amiga, sonrió de la misma forma. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.

En ese entonces yo era fotógrafo y trabajaba para una secundaria haciendo credenciales. Durante un par de horas muertas leí la novela del autor chileno que hasta ese día solo había codiciado. Jamás pasó por mi mente la gravedad del asunto en el que me metía. Como ocurre en la vida de la protagonista del texto, algo en mí cambió para siempre.

Y ese canto es nuestro amuleto.

El libro está dedicado a Mario Santiago, quien ya había muerto al publicarse por primera vez la obra en 1999. Ahora que lo considero desde lejos es bastante significativo. Imagino que Roberto se sentía triste, quizá algo solo, y pienso que a veces yo también me siento así. Esto ocurre generalmente cuando no he hablado con nadie en varios días, he leído demasiado y quiero hablar o discutir, pero esto es prácticamente imposible. Como en el cuento de Edmundo Valadés, todos se han ido a otro planeta.

A veces yo miro la noche. Imagino que después de mucho rato sintiéndose mal, Roberto sale a tomar un poco de aire, un aire europeo al que le costó acostumbrarse, y de pronto, en el cielo, una luz, la misma luz que vi yo hace un tiempo al salir del bar, parpadea.

*

El matrimonio Hill volvió el 19 de Septiembre de 1961 a Portsmouth tras unas vacaciones en algunas partes de Canadá y Nueva York. Conducían de noche, así que los automóviles eran pocos y la oscuridad se comportaba como un lienzo en blanco para poner en ella lo que quisieran. Betty Hill observó la luz. Ella lo vio primero. Un punto moviéndose rápidamente de arriba abajo y de lado a lado. Una luz ahora famosa. La misma luz que nos visita de vez en cuando. Los Hill optaron por detenerse. Un objeto en forma de disco, un platillo volador sobre ellos. Abducidos. El matrimonio Hill inmortalizado. El primer caso de abducción registrada en el siglo XX. Una aparición más de esa luz a la que me refiero.

*

Son muchos quienes piensan que los extraterrestres nos miran desde arriba y no pretenden bajar. El argumento es muy simple: aún no los merecemos. En la tercera parte de “Historia general de la naturaleza y teoría general del cielo”, Kant reflexiona acerca de la posible existencia de habitantes de otros planetas y la forma en que se comparan con nosotros. Él, a su modo, también defiende esta idea, pero sostiene sus ideas sobre la superioridad de estos seres a partir de que nuestras diferencias en cuanto a la materia, la distancia respecto al sol y los defectos que esto podría implicar. La reflexión de Kant es importante porque ayuda a describirnos como humanos a partir de la concepción que tenemos de lo otro. Como un espejo, diría Lacan, un espejo que apunta al cielo.

*

En el epígrafe de Estrella Distante, Faulkner menciona, aunque lo plantea en forma de pregunta, que ninguna estrella cae sin que nadie la mire. Pienso que la amistad es así. Se materializa, toma formas diversas y a veces se hace estrella o un libro o un rompecabezas o hasta un edificio  pues toma las formas que a veces uno menos se imagina. Georges Perec concibe esto de forma similar y lo pone en marcha. Perec es un arquitecto que construye casa por casa, piso por piso, y llega a formar un mundo repleto de construcciones que hacen referencia a sus amigos y vivencias.

La vida. Instrucciones de uso (1978) me parece una estatua monumental para varios de ellos. La amistad, como una estrella, cae y es inevitable no verla. Para Bolaño, Perec era uno de los escritores más importantes del siglo XX por su creatividad y valentía narrativa, no obstante, considero que hay algo más, algo que los emparenta: el valor que le otorgan a sus amigos en su literatura. Dentro de las obras de Bolaño, la amistad juega un papel tan importante que parece un hilo casi invisible que lo sostiene todo. El viaje de Ulises, Arturo, García Madero y Lupe cargado de chistes. Las conversaciones entre Pelletier y Espinoza sobre sus sentimientos por Liz Norton. La cercanía de madame Reynaud y su preocupación por Pierre Pain. La búsqueda de pistas entre Bibiano y Belano para saber más de Ruiz Tagle. La voz de Auxilio. La voz de Auxilio gritando su historia, la de los adolescentes, la del 68, la de una risa estruendosa que sacude a todo el mundo al menos una vez en su vida. Gritando la literatura. Un viaje que se hace mil viajes. Sin los amigos, en toda su obra, no ocurre lo importante: la aventura. La amistad se aparece como esa luz e ilumina. Y luego lo cambia todo.

*

Cuando a una persona la abducen, nunca vuelve a ser la misma de siempre. No sólo por las dificultades entre lo que recuerda-no recuerda, las cicatrices, la confusión, el desfase en su espacio-tiempo, los nuevos hábitos. Cuando a una persona la abducen, desea verlos nuevamente, estar en contacto con ellos. Con los extraterrestres y sus amigos.

*

En su ensayo La amistad (2005), Agamben menciona que amigo es un término no-predicativo porque no existe una clase de objetos en la cual inscribir a quienes se atribuye esta palabra. Pero yo no le creo. Los amigos están ahí. Podemos verlos de cerca. Aunque el lenguaje nos quede corto, los vemos y los sentimos, solo hace falta alzar la mirada para percatarnos de su existencia. Mirar un poco hacia el cielo. Pensar que no estamos solos.

*

Hay una parte de Amuleto, en el inicio, llama mucho mi atención: “Yo soy la amiga de todos los mexicanos”, dice Auxilio Lacouture, y esa en realidad puede ser también la voz de Roberto Bolaño. Yo soy amigo de todos los mexicanos. Una voz en medio del delirio. Una voz lejana. Una hoja en medio de un tornado que ríe, va, viene y continúa porque su viaje todavía no concluye. Una voz en el cielo. Una voz que le habla a muchos para decirnos algo, llamar nuestra atención. Una luz en el cielo que, como un OVNI, devora todo.

Hace unos meses estaba con Pablo, Jorge y Alejandro, otros de mis mejores amigos. Era de noche. Como casi siempre, volvíamos de un Oxxo con un par de cervezas para seguir platicando. Casi al llegar a casa, una luz se apareció en el cielo e iluminó gran parte del camino restante.

¿Vieron eso?

Nosotros no fuimos abducidos, pero creímos durante un buen rato que presenciamos algo importante. La amistad para mí también tiene relación con el avistamiento de OVNIS. No sólo con el fenómeno de ver un objeto no identificado en el cielo, sin con la sensación de que estamos ante algo nuevo y que nos llevará a otros lugares. Algo desconocido que nos atrae para descubrir cosas nuevas. Si aquello en el cielo era un OVNI, al parecer solo habían bajado a saludarnos. Nos vieron de cerca, felices, a lo mejor quisieron una cerveza y después se fueron por otro camino para comprar las suyas. Pensar en este asunto nos hizo reír mucho a mí y a mis amigos. No dejamos de hablar hasta que amaneciera.

Comprendo el comentario que hace Roberto Bolaño sobre Mario Santiago. A veces uno no entiende, sobre todo con los amigos. Debe ser impactante ver a alguien leer mientras se baña o escribir tanto o tener tanta fe en la poesía cuando el mundo parece decirle que lo deje, que no tiene sentido, que no sirve de nada. Esta frase es igualmente válida para el fenómeno alien y la amistad:

I want to believe

Al presenciar un avistamiento de este tipo, Bolaño no pudo hacer otra cosa sino decidirse: apostar por la literatura. Como muchos ufólogos que se dedican de lleno tras una experiencia propia, Roberto vio la luz que lo devora todo en Mario Santiago, su mejor amigo, esa presencia extraterrestre que influyó de manera directa en lo que ahora leemos de él.

La aparente superioridad que se atribuye a los alienígenas a veces llega de formas incomprensibles como los actos de Mario, un ser como de otro planeta, un ser con cierta luz que lo ilumina todo y cambia la perspectiva de las cosas. Y luego la luz se extiende y se aparece mucho más para ir despejando el camino de quienes la observan. Te elevan, te sacan del mundo y dan una nueva vista de cómo se observa la Tierra a través de los ojos del otro. Esta perspectiva parece capaz de reinventar un planeta.

Los amigos acuden al llamado, a las crisis, a los momentos en que uno necesita ver el panorama desde más lejos para calmarse. Acuden al llamado de auxilio. Así fue en mi vida, con mis amigos y con los libros. En Roberto Bolaño son amigos como Mario Santiago en México, Pedro Lemebel en Chile e Ignacio Echeverría en España, pero las lecturas que le enseñaron el mundo, como mensajes espaciales, provienen de otras partes del planeta y el tiempo. Bolaño, al ir de país en país durante su exilio, comprobó que hay amigos y lecturas en todos lados. Amigos que hablan después de muertos. Amigos que escriben. Amigos que escriben después de muertos. Amigos como los libros. Amigos fuera del mundo. Amigos intergalácticos. Amigos que salvan y alegran.

*

No me gustaría tener una certeza acerca de cómo son las formas de vida extraterrestre. Quizá Mario Santiago sí era un alien. Igual y Bolaño también lo era. Y eso tendría sentido, pues ninguna estrella cae sin que nadie la mire. Sea como sea, la verdad disfruto más imaginar. Por ejemplo: el día de ayer, domingo 10 de Noviembre del 2019, mucha gente reportó objetos voladores no identificados (OVNIs) que surcaban el cielo alrededor de la 1 de la tarde. Objetos redondos, iluminados y con un movimiento bastante peculiar en el cielo azul de cuando apenas pasa del medio día. Lucecitas que tintinean en el cielo. Para algunos, esto fue suficiente para sembrar el pánico y pedir auxilio. En realidad, y esto se supo algunas horas más tarde, sólo se trataba de algunos globos de fiesta que escaparon y vagaban por el aire para que todos los vieran. Los extraterrestres, como ocurre con los amigos, suelen tomar formas amables, impredescibles y divertidas.

***


Antonio Miguel Muñoz Ortiz (̶M̶i̶g̶u̶e̶l̶ ̶G̶u̶e̶r̶r̶a̶) (Puebla, 1996). Primer Lugar en la Categoría “Cuento” del XVII Premio Filosofía y Letras de la BUAP (2016) con la obra “Alacrán”. Finalista del Primer Concurso de Cuento Breve de Rock: Parménides García Saldaña organizado por Ediciones Ají con la obra “Los niños héroes”. Tercer lugar del Concurso de Ensayo Carlos Fuentes (2018) organizado por la Universidad Veracruzana con la obra “Teoría sobre los fantasmas”. Becario en el área de “Ensayo” del Onceavo Curso de Creación Literaria para jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM) en Xalapa, Veracruz (2019). Beneficiario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA Puebla) en el área de Ensayo Literario (2019).  Autor de Cómo me gustaría escribir un libro de Historia contigo. Una introducción a Gerardo Arana (2020 Ediciones Copia y Pega) y Roído (o sobre la incapacidad de los hombres-monstruo para amar) (Sangre Ediciones y Poetazos Próximo a publicarse) Algunos de sus cuentos, crónicas y ensayos han sido publicados bajo su nombre y seudónimo “Miguel Guerra” en las revistas Círculo de Poesía, Letralia (Venezuela), Marabunta, Bitácora de vuelos y Mundo Nuestro.

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