Erastés y Erómenos // Bladimir Ramírez

De la pluma de Bladimir Ramírez valoro el barroquismo, pero también la versatilidad con la que puede manejar géneros como el ensayo y la narrativa. En este texto, nuestro autor nos invita a valorar Contra natura de Álvaro Pombo desde las ideas de Ortega y Gasset. En su ensayo, Bladimir Ramírez cuestiona gassetianamente la posibilidad de una “naturaleza” propia de la homosexualidad, o bien siguiendo al autor, de las homosexualidades. La congruencia entre los temas abordados y el despliegue de estilo, es siempre algo que podemos disfrutar de textos como este.

J.G.


Erastés y Erómenos

El hombre no tiene naturaleza
sino historia

—Ortega y Gasset

.

Creo que todas las personas, a lo largo de nuestras vidas, conocemos a varios hombres homosexuales. ¿Cómo son? ¿Qué hacen? ¿A qué se dedican? ¿Qué los caracteriza? ¿Qué los define? Algunos podrían decir que es natural que un gay sea amanerado, de voz chillona y afeminado. De la misma forma se dice que un homosexual se dedica a cosas de gay, tales como ser estilista, modista, maquillista, coreógrafo, actor, modelo o cualquier otro empleo que tiene una connotación social glamurosa y feminizada, o al menos, un trabajo que está alejado de los espacios típicamente masculinos. Sin embargo, quienes conocemos, a detalle, la vida de varios hombres homosexuales, sabemos que tienen matices y contrastes como cualquier hombre, que laboran en distintas áreas y que su vida se aleja mucho del estereotipo homonormativo y casi paródico que han construido el cine y la televisión.

           Lejos de esos personajes acartonados y repetidos, se encuentra Contra natura de Álvaro Pombo (Anagrama 2005). Una novela que nos abre varios caminos para explorar la identidad, el ser y el hacer homosexual a partir de los personajes y la forma en que ellos mismos se definen.

           Desde que reflexiono sobre la literatura gay he transitado varios callejones sin salida que inician con una pregunta que no debería ser tan difícil de responder, ¿qué es la literatura gay? ¿quién hace y quién no hace literatura gay? Estas preguntas, en apariencia sencillas, comienzan a crecer como olas excitadas por un huracán y las reflexiones se van complejizando al punto que resultan indescifrables, aunque la respuesta esté ahí: en la literatura misma.

           No pretendo definir la literatura gay en este ensayo -por la extensión y la incapacidad-, sólo quiero navegar el caudaloso río de la naturaleza, y para esta misión usaré Contra natura, una novela que servirá de barca para llegar a algún sitio. Para empezar, Pombo entiende a la perfección -siguiendo algunas ideas de Ortega y Gasset- que el hombre no tiene naturaleza, tiene historia, por lo tanto, no podemos definir lo naturalmente homosexual. Lo único que es más o menos constante en un hombre que se define a sí mismo como gay o maricón o joto -por aquello de la apropiación del insulto y la reinvidicación de los sustantivos ruidosos- es la atracción hacia otros hombres, todo lo demás es diverso: la música, el trabajo, la dieta, la posición socioeconómica, el tono de voz y los hábitos. Una de las ideas principales de la novela es que no existe una homosexualidad; existen homosexualidades.

           La novela, que a mi parecer es un retrato transparente de cuatro hombres homosexuales que son diferentes entre sí, nos ayuda a ver materializada esta idea que podría parecer, tal vez, demasiado abstracta. Tenemos en la novela un póker de jotos -o de reinas, si se prefiere- en cada uno de los personajes encontramos una naturaleza propia, un clima interno que tiene alteraciones personales, muchas veces impredecibles. El conflicto y la tensión de la novela llega cuando estas fuerzas, aparentemente naturales, interactúan entre sí, compiten por dominarse unas a otras hasta el punto de la modificación radical. Es ahí donde los hombres, condenados por sus propios antecedentes, encuentran las dificultades de su vida, y es ahí donde nosotros, como lectores, podemos empatizar con cada uno de los personajes al mismo tiempo que los juzgamos, los comparamos e intentamos entrar a sus zapatos y en sus sábanas.

            Tal vez, la gran trasgresión de Álvaro Pombo en esta novela sea actualizar la figura del Erómeno y conflictuarlo. La tradición griega dicta que este efebo debe estar a disposición de amar y aprender del Erómeno, debería haber cierta sumisión de uno hacia el otro. Sin embargo, la competencia -en términos sexuales, económicos y de dominio- hacen que Ramón, un Erómeno español del siglo XXI, rompa con la relación preestablecida. Esta ruptura deriva en la desgracia de Salazar, en las crisis de Juanjo y en la distancia de Allende.Comenzaré con el viejo Javier Salazar, un hombre lleno de experiencia, abundante, un español que juega muy bien el papel de gentleman. Al iniciar la novela, Salazar tiene sesenta años, su vida, aunque cómoda, parece aburrida. El carácter de Salazar podría parecer hipócrita, pues es un tipo “discreto” que busca tener buena imagen y adaptarse a la sociedad madrileña intelectual, por lo tanto, para Salazar, la homosexualidad significa pasado, nostalgia, hombres que alguna vez formaron parte de su vida -y de su propio cuerpo- y que ahora parecen un recuerdo erótico y lejano. Desde luego, Salazar no es una loca ni le interesa serlo, es más, juzga severamente a los homosexuales a los que “se les ve la pluma”. Y esa es su naturaleza, su carácter que a lo largo de la novela ha de fundirse y evaporarse hasta desaparecer, gracias a las relaciones que establece con los demás.

            El personaje que probablemente sea el más importante en lo que acción narrativa se refiere es Ramón Durán, el joven malagueño, un chico atractivo, de figura envidiable que tiene veintiséis años y, a decir los personajes, tiene todo lo que un hombre podría desear: un carácter dócil, una mente fácil de impresionar y un par de nalgas envidiables. Durán, sin esforzarse mucho, seduce a Salazar y lo convierte en parte de su vida. Es aquí donde el viejo y sabio Erastés conoce a su Erómeno en turno, tierno y fácil de adorar. La vida de ambos cambia rotundamente, y si Salazar era un viejo sabio e imperturbable, al conocer a Durán, termina siendo un octogenario vulnerable, víctima de sus impulsos y sus más profundos deseos carnales. Cabe señalar que la novela no es erótica, ni pornográfica, la intención de Pombo no es deleitarnos con el combate físico -erotizado y erotizante de los personajes-, al contrario, el narrador se propone sumergirnos en cada consciencia de cada partícipe de la historia, hacernos parte de estos hombres para crear una empatía que con frecuencia se convierte en complicidad y condena.

            Los otros dos personajes, diferentes a los anteriores, son Paco Allende, un hombre maduro, bonachón y con sobrepeso, un homosexual católico y hasta cierto punto moralista. Paco conoce a Salazar desde siempre, pues estuvieron juntos en el seminario. Allende ayuda a que Ramón Durán evolucione, pues lo acompaña en tiempos difíciles. Allende representa la culpabilidad de un gay que reprime sus propios deseos, un hombre que es criminal, juez y verdugo de sí mismo. La última carta que completa el póker es Juanjo Garnacho, también malagueño, antiguo amante de Ramón. Juanjo era un hombre convencional, casado y con una hija, sin embargo, desde siempre cayó en la tentación de Ramón.

            La disputa principal en la novela es el cuerpo y el cariño de Ramón Durán, él es Erómeno que todos los Erastés desean. Cada uno de los hombres mayores que Ramón tienen un procedimiento, una estrategia de seducción y dominio. Salazar, con su intelecto y su poder económico; Allende con su misericordia bondadosa y aparentemente desinteresada; Juanjo con su atractivo sexual y con la ventaja de haber sido el primer hombre en la vida de Ramón.

            Cada personaje, a lo largo de su vida en la novela, tiene episodios que marcan y modifican su accionar. Para Salazar, el suicidio de Carlos, un joven seminarista que se enamoró de él, fue su primer gran punto de inflexión, pues descubrió el poder de su belleza y de su indiferencia. Por su parte, Allende, al abandonar el seminario empieza a llevar una vida que él mismo califica de “sodomía placentera”. En Ramón Durán hay dos momentos, el primero, a sus diecisiete años, cuando descubre el sexo de Juanjo y el segundo, el feminicidio de su madre. La vida de Juanjo se puede dividir en un antes y después de Madrid, pues en Málaga era esposo y padre de familia, pero en la capital de España es un amante codiciado que se acuesta con bujarrones a cambio de unas cuantas “pesetas”.

            El ir y venir de Ramón Durán hace que el resto de los personajes cambien su forma de actuar y que renuncien a su yo. Salazar, vencido por el deseo y la tentación de Ramón incluye a Juanjo en su vida para dar rienda suelta a su imaginario sexual, que por cierto incluye tríos, chicos muy jóvenes, alcohol y otros excesos. Allende, por su parte, cree que la mejor forma de establecer una relación con Ramón es alejándose de él, obligándolo a que tenga una vida propia. Una vida que no incluya bares, ni amantes de una noche. En Ramón, el cambio natural llega gracias a los cambios de otros personajes. En cierto modo, Ramón es la bomba y el detonador de las crisis identitarias que sufren los otros tres. 

            En Contra natura, Pombo no sólo nos sumerge en la mente de cuatro personajes a punto de cambiar drásticamente, también nos invita a reflexionar en el devenir de las pasiones, en el límite del deseo y el amor. Y sobre todo, nos acerca a la visión del mundo de cuatro hombres cuyas vidas son distantes y, gracias al tejido de la novela, complementarias. Una vez que el lector termina de leer esta novela, encuentra una persona más allá de un cuerpo. Descubre los conflictos y las pasiones más ocultas de Salazar, Ramón, Juanjo y Allende. Una vez cerrado el libro, tuve la sensación de que más allá de los esteorotipos, las clases sociales y “el deber ser” de un homosexual, se encuentra el hombre, oculto entre sus etiquetas, existiendo más allá de lo que se espera que haga. Y creo que eso sí es un rasgo de la literatura gay.


Bladimir Ramírez (Zapotlán,1996). Es estudiante de Letras Hispánicas en el Centro Universitario del Sur. Ha participado en congresos nacionales, como el CONELL (Morelia 2018) el CONACREL (San Luis 2018) y el EIELLZ (2018). Ha tenido menciones honoríficas en concursos literarios universitarios. En 2019, su cuento “Libertad del conejo blanco” fue incluido en la antología Si era dicha o dolor, de Editorial Paraíso Perdido y La décima letra. Su cuento “Muñecas” fue finalista del concurso internacional de cuento Juan Rulfo 2020.

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