Brevísima humanidad de la historia // Gustavo Gargallo

La minificción tiene mala fama: muchos te dicen que te alejes de ella, que no la escribas, que no es de fiar. Me formé en talleres de cuento donde me insistieron en la creación de personajes, en la profundidad, en los escenarios. La minificción is so XX century, eso déjenselo a Monterroso y a su dinosaurio. Sin embargo, ahí radica la complejidad de la minificción: crear una atmósfera completa con pocas palabras y sin recurrir a la descripción. Gustavo Gargallo lo logra en la siguiente Brevísima humanidad de la historia, donde combina una narración precisa y cuidada, con ironía y una adecuada construcción de momentos delimitados por más que solo el tiempo.

            Gargallo nos invita a reflexionar sobre la muerte, los planes de vida, el futuro desolador, tan cercano como la noche vieja y el, seguramente, no-próspero 2021.

K.M.C.


TERMINÓ LA GUERRA

—¿Qué harás el resto de tu vida?

—Empezaré por suicidarme.

DISTINTOS FINES

Las trompetas del apocalipsis no se hicieron esperar, venían anunciándose como tormenta, como un ruido que crece arrastrado por el viento. Las nubes grises parecían estancadas en el tiempo inmóvil. —Es cierto —dijo una persona—, cuando todo se acaba, el tiempo se detiene—.

Las trompetas relampaguearon pero fue hasta su estruendo más alto que supieron que había llegado el fin. Todos se negaron a aceptarlo; estaban convencidos de ser dueños individuales de su manera de morir. Diversos fueron los métodos y los lugares: algunos preferían la discreción y comodidad de sus casas, otros elegían la calle y el ruido que terminaba por mezclarse con el sonido metálico del cielo. Para el final de la tarde se alzaba el final de la tormenta: un silencio insoportable abarcaba todo.

Llegó el fin de la raza humana. Pero los tiempos siguieron, siguieron enredándose, dando saltos y vueltas, ralentizándose o repitiéndose, pero continuando.

El fin de los tiempos aún no llegaba.

ERRADO DE MUERTE

El viajero en el tiempo tuvo un pequeño error en el cálculo. Llegó al momento en que aún no existía el único planeta habitable de su sistema solar.

YO, COMO JUAN OROZCO

Nunca me gustó aquel cuadro en la pared del comedor que anunciaba casi a gritos: Yo, como Juan Orozco, cuando como no conozco. Y ya empezaba a hartarme que nadie me pasara la sal cuando, de repente, mi nombre viajó por el aire desde la voz del presentador de noticias dentro del televisor que mostraba la imagen de mi cuerpo muerto debajo de las llantas de un camión. Bueno, menos mal, pensé que mi familia a propósito me estaba ignorando otra vez.

NADIE SUPO QUE VIVIÓ

Todos sabían quiénes eran y qué hacían. Cosa Nostra, la mafia. Los rumores frente a la historia oficial.

Y aquel hombre aún con sus zapatos de cemento al fondo del río, arrepentido por sobrevivir, hubiera preferido la muerte a permanecer siempre en el mismo sitio, aburrido, esperando a que algo pase.


Gustavo Gargallo (Morelia, Michoacán, 1997). Egresado de la licenciatura en Literatura Intercultural de la ENES Morelia, UNAM. Realizó una estancia académica en la Universidad de Buenos Aires. Fue incluido en la Antología del VII Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea (Sangre Ediciones, 2019). Ha publicado en revistas como Materia Escrita, Ek Chapat, Gata que ladra. Participó en los ciclos de poesía Materia Oscura y La Noche de la Poesía realizados en la ciudad de Buenos Aires, Argentina (2019). Se dedica también a la composición y producción de música instrumental, soundtracks y musicalización de poesía: https://www.youtube.com/channel/UCr6P9mgl1GPeGSJdnpMAyag

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