Escribir literalmente, rodeados de muertos // Minerva Reynosa

Quiero dolerme, pero ni el llanto me sale y si sale no hay ni quien lo escuche o lo identifique como tal. Para propósitos de este breve texto introductorio no vale la pena ahondar en mi relación personal con la idea de la escritura como luto, pero los ejercicios de reivindicación del testimonio y el duelo en la literatura se vuelven de sumo vitales en un país donde el tabú no son los ejecutados, sino el llorarles. Pienso en los esfuerzos de escritoras como Cristina Rivera Garza o Sara Uribe por rescatar la deuda de llanto. Pienso en el motivo de Antígona que se sacrifica por el derecho divino al luto o el motivo bíblico, que llega a Garza por aire de Concha Urquiza: Le han tomado del sepulcro y no sabemos dónde le han dejado.

Este ensayo de Minerva Reynosa funciona como un mapa de lutos y manos cercenadas. La forma poética sirve para generar reflexión y, sí, luto, uno que se escurre entre el reniego de una lengua poética culta y clasista. Un texto que nos sirve de referencia para discutir las poéticas de la violencia en el zenit de un sistema que ya integró a lxs muertxs al aparato productivo.

E.L.A.


Escribir literalmente, rodeados de muertos: algunos libros de poesía mexicana

En julio del 2013, la revista Proceso publica un estimado del INEGI sobre la cifra de muertes por narcoviolencia en el sexenio de Felipe Calderón donde se contabilizan del 2006 al 2012 más de 120 mil pérdidas violentas por ejecución, enfrentamiento, homicidio y agresión. La Secretaría de Gobernación en la administración de Enrique Peña Nieto publicó en febrero de 2013 una base de datos que estimaba 26 mil personas desaparecidas. Aún se especula que aproximadamente entre 5 mil y 1 millón de personas abandonaron sus hogares durante el sexenio calderonista. Para el 2020, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación de la administración de AMLO, Alejandro Encinas dio el estimado de 61 mil 637 personas desaparecidas, un 54% mayor a los 40 mil reportados en el 2018. Estos paisajes, las cifras, dan aviso de la espesura del problema de la seguridad en México. Cristina Rivera Garza en su artículo “Poesía y política” del 27 de diciembre de 2011, abre un paréntesis para pensar la guerra, como propone Judith Butler ante las consecuencias del 9/11; entre una casta de tecnócratas neoliberales contra un grupo de empresarios transnacionales que se dedican a la producción y comercio de sustancias hasta ahora consideradas como ilegales que ha sumido a México en una de las etapas más sangrientas de las que se tenga historia desde inicios del siglo XX. Pensar una guerra adjetivada como férrea durante la presidencia de Felipe Calderón, que además de teatral y obscena entre esos grupos más vinculados que opuestos: políticos y narcos; padecida cruelmente por la sociedad civil, Rivera Garza propone interpretar analíticamente el estado de las cosas para poder plantear alternativas, como pensar críticamente en momentos de dislocamiento y ruina, de violencia extrema y duelo, no es cosa fácil. Lanza así una pregunta necesaria: ¿qué o cuál será la mejor manera de rendir cuentas sobre lo que acontece ahora? La respuesta, la poesía, pero una poesía exigente, articulada: No pienso, por supuesto, en la práctica versificadora que tiende a encerrarse en la torre de marfil de ciertos lenguajes prestigiosos que poco o nada tienen que ver con lo poético. No pienso, claro está, en el lenguaje imperialista (dar  voz  a  otros) y con frecuencia ramplón que, con la excusa de acercarse a la comunidad que la produce, deja de exigirle a la poesía ese práctica de cuestionamiento del lenguaje que la determina. O como observa Eduardo Milán: la poesía ahora como un acercamiento a la forma en que decimos. Escribir fuera del margen, del confort, arriesgándose y desde las profundidades. Escribir distinto de ese amaneramiento textual acostumbrado en la poesía mexicana a decir por Juan Carlos Bautista. Como también Luis Felipe Fabre en un prólogo de Divino Tesoro: durante la mayor parte del siglo XX hubo un modelo poético imperante en México que se identificaba a sí mismo con las dimensiones “más sublimes” de la lengua: un lenguaje de “altos vuelos” sustentado en una confianza desmedida (y un tanto anacrónica) en los poderes de la lírica. Podría leerse, incluso, un cierto “clasismo” más que “clasicismo” (en un país tan clasista como este) en las exquisitas maneras de aquel modelo poético. Un intento por demostrar, poema a poema, una pretendida superioridad sobre otras posibilidades verbales. ¿A la poesía le faltaba / falta calle? Sorprende que siendo el lenguaje coloquial tan lúdico en México, la poesía fuera tan tiesa, tan acartonada, tan formalita. Un asunto de buenos modales. De gente bien educada. Culta. En la urgencia de búsqueda de esas poéticas cambiantes, Rivera Garza encuentra algunos libros de la lírica mexicana que accionan ese lenguaje no solo preguntar-criticar, sino para volcarse, torcer las expectativas y la sensibilidad   escritural: me interesan ciertos procesos de escritura eminentemente dialógicos, es decir, aquellos en los que el imperio de la autoría, en tanto productora de sentido, se ha desplazado radical de la unicidad del autor hacia la función del lector, quien, en lugar de apropiarse del material del mundo que es el otro, se desapropia. A esa práctica, por llevarse a cabo en condiciones de extrema mortandad en soportes que van del papel a la pantalla digital, es lo que empiezo por llamar necroescrituras. Escribir en el hoy, no del yo contemplando al universo personal, sino un nosotros en los zapatos del otro, desposeerse de lo propio y configurar comunidades de escritura. Entonces, en un país con sucesos tan violentos y horrorosos como México, pregunta: ¿Qué significa escribir hoy en ese contexto? ¿Cuáles son los diálogos estéticos y éticos que nos avienta el hecho de escribir, literalmente, rodeados de muertos?

¿De qué otra cosa podríamos hablar? fue el título de la exposición de la artista visual Teresa Margolles en el pabellón mexicano de la Bienal de Venecia 2009. De qué otra cosa no hablar sino de la narcoviolencia que afecta a nuestro Estado Mexicano. En el ensayo Narcoviolencia y poesía: la polca del silencio del poeta Juan Carlos Bautista la referencia de Margolles se adereza trasfigurando la inestabilidad de la belleza (cita a Platón: Solo la belleza es a la vez visible y divina) a propósito de lo que desata la obra de la artista: la Belleza ha cedido su lugar al miedo, que es intangible y ubicuo. Esa belleza perseguida por la poesía en esas escrituras amaneradas, cursis, se contrapone a la elocuencia de los cuernos de chivo. Entonces, de repente la poesía mexicana que estaba llena de sí, sitiada en su epidermis, es alcanzada por la violencia. Bautista no se compromete a mencionar obras, pero sí un par de poemas, uno escrito por Rodrigo Flores y otro por María Rivera. No se compromete porque avisa que el fenómeno apenas se está manifestando. Por mi parte, agregaría algunas necroescrituras a manera de Rivera Garza, que motivaron al diálogo, la desapropiación y la denuncia. A finales del 2008 Luis Felipe Fabre cura Divino Tesoro. Muestra de nueva poesía mexicana, antología que presenta algunas poéticas, dicho en el prólogo: divergentes contra una estética dominante que lleva ya tiempo en crisis. En la misma línea de Rivera Garza, desconfiando de escrituras imperialistas, y la idea de las poéticas de car-wash, por evanescentes de Eduardo Milán; Fabre reúne esas poéticas de algunos puntos de la República Mexicana. Derivado del Divino Tesoro, a finales del mismo año se presenta la caja de poesía visual Divino Fetiche. Poesía para toda ocasión. Caja que incluye piezas de poesía visual solicitadas ex professo por Fabre, donde además integra una plaqueta titulada Negro, poema colectivo realizado por Maricela Guerrero, Minerva Reynosa, Óscar David López, Feli Dávalos, Eduardo de Gortari, Sergio Loo, Hernán Bravo Varela, Aurelio Meza, Daniel Malpica, Óscar de Pablo, Jorge Betanzos, Daniel Saldaña y el mismo Luis Felipe Fabre. Negro aborda y resalta la pesadumbre del momento social mexicano. Físicamente, la plaqueta es de color negro, el texto de color blanco y con algunos fragmentos en color rojo. Tales colores fueron elegidos para guiar la sensación anímica de la aspiración (blanco), las ausencias (negro) y el horror (rojo). Negro es un poema escrito bajo la técnica del cadáver exquisito, que grupal discute la colectividad, la situación  de inseguridad del país, la violencia que lo arrasa. El interés temático tiene muchos ángulos y es la reunión de las inclinaciones estéticas y sobre todo lingüística de los autores para representar analíticamente el atropello. Negro es la metáfora de la desesperanza en un país no en declive sino hundido: país de púas ++++++cabezas rodantes++++++ / mensajes atropellados, mutilados, siniestros, / cuerpos vicerados / (freud) ++++; / país de púas desmantelado, +++++país de piezas / intercambiables, ++++++país deshuesadero: + + valle  de  piezas  intercambiables+:  +  país  modular  +:  /  +  país-+  lego-+megablock: ++++++++++país / desbaratable + + + perdible: +++++ / + + + + + país suprimido+ + + + +. Un país malgastado por la ruina del narcotráfico, la corruptela política, los males institucionales, el poder televisivo y la poca participación ciudadana. Negro es un manifiesto ante la incertidumbre, la disfuncional idea de progreso ante documentos inmóviles enamorados de sí mismos. También como metáfora de feudo dominado por las jerarquías políticas que estremecen terriblemente al tejido social. Negro es un trayecto anímico de cada poeta que accede a la urdimbre comunal que transita por el texto, variable, variante y también fracturado como el país: un hoyo negro. Siguiendo esta línea de poemas-libros que manifiestan su postura política ante la necrología nacional, el poema largo Los Muertos (2011) de María Rivera. Los Muertos tiene un tono muy directo, denunciante y tempestuoso: Allá vienen / los descabezados, / los mancos, los descuartizados, / a las que les partieron el coxis, / a los que les aplastaron la cabeza, / los pequeñitos llorando / entre paredes oscuras / de minerales y arena. / Allá vienen / los que duermen en edificios / de tumbas clandestinas: / vienen con los ojos vendados, / atadas las manos, / baleados entre las sienes. Poema realista que estruendosamente despoja del habla oficial a las víctimas, cuerpos con voz pero mutados en nada  y en la  nada: Se llaman / chambrita tejida en el  cajón del alma, / camisetita de tres meses, / la foto de la sonrisa chimuela, / se llaman mamita, / papito, / se llaman pataditas / en el  vientre / y el primer llanto, / se llaman cuatro hijos, / Petronila (2), Zacarías (3), Sabas (5), Glenda (6). Seres, humanos, seres queridos, con nombre, oficio, destino, que tienen una segunda oportunidad no de vida sino de recuerdo en la memoria del poema. Los Muertos es un museo del horror y panteón donde cada tumba tiene una procedencia geografía lamentable: Allá vienen / los muertos tan solitos, tan mudos, tan nuestros, / engarzados bajo el cielo enorme del Anáhuac, / caminan, / se arrastran, / con su cuenco de horror entre las manos, / su espeluznante ternura. / Se llaman / los muertos que encontraron en una fosa en Taxco, / los muertos que encontraron en parajes alejados de Chihuahua, / los muertos que encontraron esparcidos en parcelas de cultivo, / los muertos que encontraron tirados en la Marquesa, / los muertos que encontraron colgando de los puentes, / los muertos que encontraron sin cabeza en terrenos ejidales, / los muertos que encontraron a la orilla de la carretera, / los muertos que encontraron en coches abandonados, / los muertos que encontraron en San Fernando, / los sin número que destazaron y aún no encuentran, / las piernas, los brazos, las cabezas, los fémures de muertos / disueltos en tambos. Poema con pasajes de sombras, borroso, donde las voces que tuvieron un cuerpo, historia, nombre, son tristemente el eco que resuena en el vacío de lo impune. Con este poema, María Rivera acusa y reprueba al gobierno, llama a la justicia y a la acción civil. Poema de enojo frente a la insensibilidad inmoral del otro que no apura e insiste en aceptar el dolor de la barbarie. Para resumirlo, Juan Carlos Bautista afirma: El otro poema, el de María Rivera, es un texto excesivo, un poema que es más que un poema: es un gran guiñol monstruoso, nota periodística y recuento bárbaro: casi novela. Los muertos tienen nombre y los escenarios tienen topónimos sospechosamente mexicanos. Se trata, en resumen, de un excepcional y sórdido poema político. Lloverán cabezas sobre México augura el poema Cabezas (2010) de Juan Carlos Bautista. Un solo poema que resumen el sesgo de la historia por sus voces, Hernán Cortés dando nombre a México, los ecos prehispánicos ascendiendo hacia lo eterno, los gentilicios de los primeros pobladores y la infértil modernidad. Un diálogo descendiente de la muerte que suceden en la mezcla y después en nación. Un dejarse vivir y una visión de antiguas y revividas crónicas sangrantes: Hay que hablar de cobardía que es la manera en que se entiende aquí el aire / Hay que hablar del miedo / Es decir, / hay que hablar de historia.Luis Felipe Fabre también se traslada al horror con “Notas en torno a la catástrofe zombi”, en el libro Poemas de horror y misterio (2013). Un zombi es una figura legendaria en las regiones donde se practica el vudú. Un zombi es un muerto resucitado. Un zombi por la magia de un hechicero, es convertido en su esclavo. En la ficción del horror, un zombi es un ser no muerto como resultado de una reanimación post-mortem, tradicionalmente retardado y hambriento de carne humana. “Notas en torno a la catástrofe zombi” tiene como elenco los propios zombis gobernantes descerebrados y las multitudes aturdidas. Poemas sarcásticos, hilarantes de la teatralidad de las autoridades mexicanas, sus acciones y de las circunstancias que sortean lo cotidiano de los ciudadanos, que protagonizan la gran parodia de la vida mexicana. Poemas que gustan y comparten la narrativa de las películas del gore y cine negro: Una mano saliendo de una tumba: / la mano del muerto que al final resulta que no está muerto / o no tan muerto: solo putrefacto: / la mano del zombi: / la mano que sale al final de la película / para anunciar que el final no es el final: / habrá segunda parte. Hay referencias pops variadas, como las del video de Thriller (1983) de Michael Jackson. “Notas en torno a la catástrofe zombi” es el otro lado, el lado B y retorcido de la sociedad que lo escandaliza. Con ironía y sarcasmo Luis Felipe Fabre hace una analogía del espanto como tema principal pero risible del país: Dicen / que los zombis / son una estrategia del narco / para aterrorizar al gobierno. Dicen que / los zombis son una estrategia del gobierno para aterrorizar / a la población. Dicen que los zombis son una estrategia / de la población para aterrorizar al narco. Dicen / que los zombis son una estrategia del gobierno / para aterrorizar al gobierno. Dicen / que los zombis son una estrategia / del narco / para / aterrorizar / a la población. Dicen que / los zombis son una estrategia del narco para / aterrorizar al narco. Dicen que los zombis son una estrategia / de la población para aterrorizar al gobierno.  Y tú, ¿qué dices de los zombis?  / Infórmate: escucha Radio Mictlán: / transmitiendo / en vivo / la insurrección de los muertos. La credulidad y la atestiguación de la monstruosidad real dan un toque cómico a la estadística, la prueba fehaciente del declive social: ahora cincuenta mil zombis asolan a México / según cifras oficiales. Los poemas reiteran el exacto significado que la cultura popular ha hecho del muerto viviente: Míralos ejecutar su lenta coreografía de tropiezos / la danza de una cacería sonámbula donde la presa eres tú / Tomándolos como un objeto de doble burla, sarcasmo: “Los zombis: una nueva oportunidad / para que el gobierno / demuestre su ineficiencia y corrupción”. Donde los involucrados en el lío nacional y el desajuste comunitario no solo lo representan los funcionarios, altos mandos, el presidente sino los ciudadanos cómodos en su holgura. Los zombis también son la metáfora de la miseria, lo putrefacto, la imposibilidad, la incertidumbre, la confusión de cómo empezó todo: ¿cuál es el origen de la catástrofe zombi? Pero los zombis tienen en el beneficio de la duda, se sospecha de Jesucristo, de la Virgen de Guadalupe, de Coatlicue, del IFAI, de la Santa Muerte. La construcción de los poemas tiene eco de la lírica utilizada en las canciones norteamericanas de los sesentas, donde repetidamente el estribillo recuerda la previsión o el interdicto: porque las cosas se están poniendo hardcore: / hey, honey, escucha / esta cancioncita idiota: no vayas / a bailar al cementerio: / no vayas a bailar / al cementerio: no vayas / a bailar al cementerio: quédate conmigo / esta noche. También algunos versos de resuenan como jingles deanuncios comerciales, aprovechando el lenguaje publicitario de la comunicación atrae-masas. “Notas en torno a la catástrofe zombi” es la fábula del monstruo en el espejo, una crítica sucia del absurdo efectista de un país en ruinas, un país de muertos. El norte sobre el vacío, la tierra sobre nada de José Manuel Velázquez y Antígona González de Sara Uribe, ambos publicados en 2012 son dos libros que también contextualizan la violencia. En Dolerse. Textos de un país herido, Cristina Rivera Garza menciona la tradición de la poesía documental norteamericana dedicada a su entorno social, siendo eminentemente política. El texto de la poesía documental agrega al documento histórico, la cita textual, la historia oral, el folclore e incluso anuncios de comerciales en formulación de textos híbridos marcados por la popularidad de voces y, luego entonces, por una subjetividad múltiple. Escrituras sí, post-conceptuales, múltiples donde se observa la muerte del yo lírico, sin intenciones de originalidad al formular un texto poético creado por muchos otros textos. Kenneth Goldsmith en la introducción de Uncreative writing: managing language in the digital age (2011) plantea una variante de la idea del artista conceptual Douglas Huebler, al reafirmar: el mundo está llenos de textos, más o menos interesantes; yo no deseo agregar ni uno más. La escritura conceptual utiliza prácticas procesuales que difieren de la idea tradicional de creación de texto literario. Mientras que en la literatura tradicional, el escritor crea un texto guiándose por intereses como la prosodia, el contenido, la forma; en la escritura conceptual el escritor sigue un proceso prestablecido para generar texto. Marjorie Perloff usando la etiqueta unoriginal genius describe las tendencias emergentes de estas escrituras, modificadas por los cambios producidos en los tiempos del copy-paste y google. La idea de Perloff sobre el genio creador, romántico, torturado, preocupado por la originalidad, por la búsqueda de la voz, es lo opuesto a la imagen moderna del escritor-algoritmo como entidad que genera texto siguiendo procesos establecidos. O como nos explica Rivera Garza en Los  muertos indóciles: Tal como lo ha señalado la prominente crítica estadounidense Marjorie Perloff, una de las repercusiones casi inmediatas del contacto entre escritura y tecnología digital ha sido la proliferación de texto que privilegian el diálogo, ya sea con textos anteriores o con textos producidos en otros medios, a través de procesos que algunos han denominado escrituras atravesadas o ecfrásticas –todos ellos métodos que le permiten al escritor establecer una participación mayor en la producción y, en su caso, la subversión del discurso político. Goldsmith en Uncreative writing discute sobre la noción de la no-creatividad, la no-originalidad, la no-genialidad como móviles que desatan meros procesos y no la búsqueda de un producto final, depurado, perfeccionado, armonioso, sustentado en una idea particular de obra. Por su lado, Vanesa Place y Robert Fitterman en Notes on conceptualism (2009, traducido por Cristina Rivera Garza en 2013), definen la escritura post-conceptual para diferenciarla de las prácticas del arte conceptual. La propuesta es amplia, incluyen las técnicas de remezcla, el collage, el plagio, la apropiación, los préstamos, el sampleo, la enmendadura, la imitación, el robo de identidad, la alegoría, etc. Así, los textos de Velázquez y Uribe comparten de esta noción de textos plagiarios o diálogos intertextuales que, a lo Perloff subversionan el discurso poético y público. José Manuel Velázquez en El norte sobre el vacío, la tierra sobre nada rescribe la permanencia del dolor y la impotencia sobre los feminicidios en Juárez. Plaqueta que conforma siete poemas que preguntan por el paradero de mujeres en el instante previo, al momento y después de su desaparición: Mientras{  se dirigen al trabajo; se dirigen a buscar trabajo; estaban en la zona centro / Halladas{ en Lote Bravo; en Lomas de Poleo; en Cerro Bola / Archivadas{ 120602/93-0620; 6638/94-0603; 0820/94-503 / Eran{ Empleadas de maquiladoras; Estudiantes; Amas de casa / (…). El espacio gráfico se atiborra de nombres de mujeres y hombres que comparten nombres con otras y otros y el dolor en infinito. El poeta mezcla distintas notas periodísticas y declaraciones a prensa del gobierno juarense contra el deseo de las compañeras de Marisela Escobedo (asesinada a quemarropa fuera del Palacio mientras se manifestaba para presionar el arresto del asesino  de su  hija),  pidiendo  revelar  una placa en  su  memoria:  Nos sorprende el irrespeto irrestricto y la acción inmediata del Gobierno del Estado, / para dar cumplimiento a tantas leyes secundarias y reglamentos a  favor de edificios e imagen urbana / cuando la seguridad humana y la vida de las mujeres protegidas por nuestra Constitución Mexicana, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, otras recomendaciones y convenciones internacionales, y las Leyes general y estatal para el Acceso  de  las  Mujeres  a  una  vida  Libre  de  Violencia  siguen  sin  respetarse /  -todos debemos pedir permiso porque el palacio es de todos- / De otra manera, Marisela estaría viva y no estaríamos demandado justicia por su asesinato. Plaqueta por tanto post-conceptual, donde el yo lírico no existe, donde el dolor es la amalgama que configura una escritura politizada y donde el proceso de escritura es un proceso de préstamos y robos de información existente y fluctuante, creando la unicidad de versos reciclados. Por su parte, Sara Uribe con Antígona González otorga a la poesía mexicana una densidad distinta que necesitaba. Sara Uribe da un salto de la poesía lírica a la poesía post-conceptual con este libro: Antígona González es una pieza conceptual basada en la apropiación, intervención y reescritura. Fue escrita por encargo de Sandra Muñoz, actriz y codirectora, y Marcial Salinas, para la obra estrenada el 29 de abril de 2012 por la compañía A-tar, en uno de los pasillos del Espacio Cultural Metropolitano en Tampico, Tamaulipas. Antígona González a decir por su escribidora, no es un libro de poemas sino una pieza basada en procesos de escritura. Investigación minuciosa donde testimonios, notas periodísticas, discursos oficiales, citas expresas de textos ensayísticos son el mashup: escritura bastarda. Antígona González como la Antígona clásica, busca darle sepultura al cuerpo de su hermanoTadeo: en su distorsión y alteración Polínices es Tadeo. Tadeo como muchos otros, salió, tomó un bus y nunca regreso: ¿Cómo sabía que estaba muerto el cadáver? / Ellos nunca llegaron a du destino. Eran 47. Tadeo anónimo en un país en pugna de poder entre el bando gubernamental y los narcoparaestatales. La urdimbre de la historia es el trayecto, el ir y venir del diario, la migración. La terquedad (que no es otra cosa que remanso) es la protagonista de la saga (infinita porque sigue afuera), y el antagónico, la cruda violencia de lo ignoto: Me llamo Antígona González y busco entre los muertos el cadáver de mi hermano. Antígona González busca lo inerme, el cuerpo del otro, cualquier prueba o pista: Pero ¿cómo no voy a buscar a mi hermano? Díganmelo ustedes ¿Cómo no voy a exigir su cuerpo si quiera para enterrarlo? ¿Cómo voy a dormir tranquila pensando en que pueden estar en un barranco, en un solar baldío, en una brecha? La búsqueda es una necesidad de remanso al ver al cuerpo querido descansando: Soy Sandra Muñoz, vivo en Tampico, Tamaulipas y quiero saber dónde están los cuerpos que faltan. Que pare ya el extravío. Antígona González es una crónica donde todos, sujetos actantes están resignados: No quería ser una Antígona pero me tocó. Una novela “basada en la vida real” donde el juego de ausencias/presencias es macabro: Casi todas las horas del día. Un caballito del diablo. Una acequia o un cántaro. Lo que desaparece y todos esos lugares vacíos escribiéndole al Presidente de la República. Un caballito del diablo frente a lo que desaparece.  Frente a lo que desaparece. / Frente a lo que desaparece: lo que no desaparece. Antígona González es un resonadero rulfiano: Vine a San Fernando a buscar a mi hermano / Vine a San Fernando a buscar a mi padre / Vine a San Fernando a buscar a mi marido / Vine a San Fernando a buscar a mi hijo / Vine con los demás por los cuerpos de los muertos. Es un cementerio de zombis: Desde ese momento nos quitaron la mitad de nuestro corazón. No sabemos cómo estamos sobreviviendo con la mitad de un corazón. Es desgaste y desgarro: La absurda, la extenuante, la impostergable labor de desenterrar a un cuerpo para volver a enterrarlo. Para confirmar en voz alta lo tan temido, lo tan deseado: sí, señor agente, sí, señor forense, sí, señor policía, este cuerpo es mío. Antígona González es Sandra Muñoz, pero también soy Sara Uribe y queremos nombrar las voces de las historias que ocurren aquí. Completo despojo del yo en la escritura: Mi yo de ti. Tu tú mío de mí. ¿Sí?: ¿Me ayudarás a levantar el cadáver?

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Bibliografía

Cristina Rivera Garza, Poesía y política” en la columna La Mano Oblicua de Milenio Diario: http://cristinariveragarza.blogspot.com/search?q=POES%C3%8DA+Y+POL%C3%8DTIC A, diciembre 2011.

Cristina Rivera Garza, Dolerse. Textos de un país herido, SurPlus Ediciones, Oaxaca, 2011.

Cristina Rivera Garza, Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, Tusquets Editores, México, 2013.

Eduardo Milán, Un ensayo sobre poesía, Libros del Umbral, México 2006.

José Manuel Velázquez, El norte sobre vacío, la tierra sobre nada, Cosa Nostra Cartonera, Querétaro 2012.

Juan Carlos Bautista, “Cabezas” en Letras Libres online: http://www.letraslibres.com/revista/poemas/cabezas, agosto 2010.

Juan Carlos Bautista, “Narcoviolencia y poesía: la polca del silencio” en Escribir poesía en México, Bonobos Editores, México 2010.

Kenneth Goldsmith,  Uncreative  writing:  managing  language  in  the  digital  age,  Columbia University Press, New York 2011.

Kenneth Godsmith, “Marjorie Perloff’s Unoriginal Genius” en Chicago: Poetry Foundation:  http://www.poetryfoundation.org/harriet/2008/05/marjorie-perloffs-unoriginal-genius, mayo 2008.

Luis Felipe Fabre, “Notas en torno a la catástrofe zombi” en Poemas de terror y de misterio, Almadía Editorial, Oaxaca 2013.

Luis Felipe Fabre (selección y prólogo), Divino tesoro. Muestra de nueva poesía mexicana, Ed. Libros de la Meseta/Casa Vecina/Fundación Centro Histórico de la Ciudad de México, México 2008.

Luis Felipe Fabre (selección y prólogo), La edad de oro. Antología de poesía mexicana actual, Universidad Nacional Autónoma de México/Coordinación de Difusión Cultural/Dirección de Literatura, México 2012.

María Rivera, Los muertos, El otoño recorre las islas núm. 3, Querétaro, 2011. Sara Uribe, Antígona González, SurPlus Ediciones, Oaxaca 2012.

Vanessa Place and Robert Fitterman, Notes on conceptualisms, Ugly Ducking Press, Brooklyn 2009.

Varios autores, “Negro” en Divino fetiche. Poesía para toda ocasión, México, 2008.


Minerva Reynosa (Monterrey,1979). Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios de las Tradiciones por El Colegio de Michoacán, poeta y gestora cultural. Ha publicado los libros de poesía: Una infanta necia (2003), Emötoma (2007), La íntima de las cosas (2007), Atardecer en los suburbios (2011), Fotogramas de mi corazón conceptual absolutamente ciego (2012), Mammut (app de videojuego, 2015), la traducción de Photograms of my conceptual heart absolutely blind, realizada por Stalina Villarreal (2016), Mammut & Jinba-Itta (2019) y Larga oda a la salvación de Osvaldo en co-autoría con Sergio Ernesto Ríos (2019). Su obra ha sido traducida al alemán, inglés, sueco, ruso y francés. Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León, becaria del Consejo Nacional para la Ciencia y Tecnología en el programa Posgrado Nacional de Calidad, Premio de Poesía Carmen Alardín 2006, becaria del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico Nuevo León en poesía y ensayo, becaria de Jóvenes Creadores del Fonca, becaria en la Residencia Artística de Fonca/Conacyt/Ministerio de Cultura Colombiano y becaria del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico Guanajuato en poesía. Este año fue acreedora a la Residencia en Libre Gestión FONCA en Chile y al Premio Nacional de Poesía “Clemencia Isaura 2020”. Actualmente colabora con Benjamín Moreno el proyecto de experimentación textual, visual y tecnológico Benerva! Es docente online; consultora de literatura para el Seminario de Literatura Mexicana Irapuato y del Instituto Municipal de Arte, Cultura y Recreación de Irapuato, con las actividades Círculo de Lectura Virtual y Open Mic, dentro del programa #EnIrapuatoSíLeemos; y gestora de distintos proyectos de sensibilización de la poesía.

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