Los cómics no son literatura // Julio Mejía III

En nuestro universo cultural poblado por clochards y arribistas geniales, ciertas obras, prácticas y disciplinas son consideradas de menor valor estético. Existen todavía en circulación argumentos de carácter apocalíptico para cerrarle la puerta del arte a la cultura de masas. Casi puedo escuchar a un montón de viejos de peluquín engomado gritar: ¡no pasarán!

A partir de este contexto, donde uno bien podría agarrarse a golpes con un crítico por la naturaleza o intención de una pintura moderna, Julio Mejía III trae a discusión el cómic. ¿Se puede todavía hablar de esta disciplina artística en términos sujetos a la literatura?

J.G.


Los cómics no son literatura

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     En el verano de 2003, mi familia me llevó por primera vez a una “convención de cómics”. Uso las comillas porque ese evento en nada se parecía a carnavales como la Comic-Con International en San Diego, La Mole en Ciudad de México, ni LaConve de Monterrey. Se trataba, en realidad, de un puñado de expositores que vendían historietas, juegos de mesa y figuras coleccionables, dispuestos en pequeños estands a lo largo de la sala de convenciones de un hotel de Torreón.

       Yo tenía 12 años, y aunque conocía a Batman, Superman, Spiderman y los X-Men por sus películas y caricaturas, jamás había sostenido un cómic entre mis manos.[1] Paseando por la convención, me detuve en el estand del ahora extinto Grupo Editorial Vid y tomé una revista que parecía un buen punto de partida: Avengers # 1. La imagen de la portada, que se extendía hasta la contraportada, representaba a un grupo de héroes rodeado por enemigos. El único personaje a quien identificaba era al Capitán América, por sus apariciones ocasionales en la caricatura de Spiderman. Compré el cómic (que en aquel entonces costaba alrededor de 20 pesos) y lo releí muchísimas veces.

    No tardé en comprender que ese “#1” sólo correspondía a la numeración mexicana,[2] y que había un universo preexistente de personajes que gritaban por ser conocidos. A partir de entonces, procuraba comprar un ejemplar cada dos semanas para darle seguimiento a una historia inagotable. Pero con el paso del tiempo, las visitas a la tienda de cómics se volvieron cada vez más esporádicas, y un buen día visité el local por última vez. No es que los cómics hayan dejado de gustarme, pero empecé a desarrollar nuevos intereses, más celosos de mi tiempo.

       En 2008 ingresé a la universidad. Empecé mis estudios profesionales en literatura y filosofía. Le dedicaba cada vez menos tiempo a los cómics, pero cuando lo hacía, era la misma alegría de mis años adolescentes, con la diferencia que ahora podía proyectar en ellos una mirada más crítica.

      Con el paso de los años, he llegado a una conclusión tajante: los cómics no son literatura. No deben, por ningún motivo, ser considerados como una manifestación literaria. Deberíamos exiliar de nuestros vocabularios las palabras “novela gráfica”. Mi postura no es apocalíptica ni reaccionaria: es una declaración de amor por una forma artística que merece ser dignificada.

       “Novela gráfica” no es una descripción, sino un juicio de valor que se aplica a cómics que, desde ciertos parámetros, cumplen con ciertas características de extensión y ambición estética. La calificación de novela gráfica emparenta a ciertos cómics con Madame Bovary, Los miserables, y Cien años de soledad, como si al establecer esas relaciones ganaran acceso a un elitista club social al que el resto de la perrada comiquera no puede pertenecer. Lo que está implícito en la denominación es que, para ser tomado en serio como medio de expresión artística, el cómic debe aspirar a hermanarse con una forma artística “seria”: la novela.

    Lo narrativo no es algo esencial a la literatura, puesto que prácticamente todas las manifestaciones artísticas admiten la narración en mayor o menor grado. Referirse a un cómic como “novela gráfica”, sólo por el hecho de ser un texto narrativo, me parece tan caprichoso y ridículo como llamarle “novela corporal” a El lago de los cisnes, o “novela musical” a Rigoletto, o “novela audiovisual” a Citizen Kane, o “novela digital interactiva” a The Legend of Zelda.[3]

      Insistir en el uso de ese concepto, incluso con la mejor de las intenciones, invisibiliza a la inmensa mayoría de los cómics, les niega la entrada a la república de las artes y, de paso, engrandece la cosecha de la literatura con cultivo ajeno.

       Estoy de acuerdo en que hay cómics de gran altura estética. Pero deberíamos evaluarlos igual que a los libros. Algunos podrán decir, por ejemplo, que la saga de Harry Potter es mala literatura (a partir de ciertas aproximaciones críticas al hecho literario), pero no por ello esos libros dejan de ser considerados novelas.[4]

       Este tema ya ha sido tratado extensamente con anterioridad, por autores más capaces e inteligentes que yo. Yo me acerco no como experto, sino como aficionado ocasional que cada tanto se permite ser feliz. Pero en México se lanzó, hace algunos años, una convocatoria al Premio Nacional de Novela Gráfica. Me parece excelente que haya, desde espacios oficiales, interés en la producción y difusión del cómic. Pero ya hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre: se dice cómic, no novela gráfica.

[1] Bueno, tendría que matizar: cuando iba al peluquero, había revistas de Archie y el Pájaro loco, pero en aquel entonces eran “revistas infantiles”, un análogo de las TVNotas que leían mis papás. El “cómic”, en mi imaginación, no era una forma de expresión artística que podía adaptarse a varios temas y formato, sino que se restringía a la representación de super héroes.

[2] Grupo Editorial Vid recuperó los derechos para la edición de cómics de Marvel en 1998, por lo que reinició la numeración de sus ejemplares. Esto explica el desfase en la numeración.

[3] Sí existe, lamentablemente, el concepto “novela digital interactiva”, pero se usa, igual que “novela gráfica”, para enmascarar el concepto de “videojuego” que, por lo demás, es más amplio que el de “cómic”.

[4] Excepto para los apocalípticos más reaccionarios.


Julio Mejía III (Torreón, 1990) es autor del libro Balón de oro (Atrasalante, 2019).

3 comentarios en “Los cómics no son literatura // Julio Mejía III

  1. Al principio me asustó el título y luego me fui dando cuenta que el punto de vista que diste esta muy bien acertado. De hecho, el comentario anterior al mio, el de Guadalupe. Esta afirmando tu teoría. Porque da mas relevancia a la literatura que a lo que es esencialmente el comic.

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